28.2.15

La primera tarea

Ramón Borrell i Pla (1876-1963)
Museu del Modernisme, Barcelona

Uno de los temas favoritos de la burguesía eran las escenas cotidianas. En esta pintura una niña ayuda a su madre con la lana, en una de las tareas más fáciles y en las que más frecuentemente colaboraban los pequeños. Ambas se encuentran en un espacio también muy típico: una galería acristalada con vidrios de colores, que podemos observar en la sobra que proyectan sobre la pared. Estas galerías se pusieron muy de moda en la época, ya que se interesaron mucho por la sanidad y hacer hogares cómodos de habitar. La galería aportaba luz, y como espacio intermedio evitaba que llegara el calor directo de la calle en verano y el frío en invierno.

Imagen cortesía del Museu del Modernisme.

Buró

(1907)
Museu del Modernisme, Barcelona

La colección de mobiliario del Museu es impresionante. Desde el siglo XVII se popularizan estas denominadas 'arquillas', muebles de mucha calidad que dan servicio en los hogares burgueses, ricos pero cada vez de más reducidas dimensiones. En el caso que se muestra se trata de un buró con un magnífico trabajo de taracea y molturado, con líneas esencialmente modernistas.

Imagen cortesía del Museu del Modernisme.

Noche de baile

Joan Cardona Lladós (1877-1957)
Museu del Modernisme, Barcelona

Imagen cortesía del Museu del Modernisme.

Dos niños riéndose

Pere Borrell del Caso (1880)
Museu del Modernisme, Barcelona


Con una luz más propia del Barroco, y una técnica también muy utilizada en aquellos siglos, el trampantojo, es esta una de las obras más tiernas y famosas que podemos contemplar en el Museu del Modernisme.

Imagen cortesía del Museu del Modernisme.

Museu del Modernisme, Barcelona

Fachada del Museu del Modernisme
Imagen procedente de la página web del Museu


El Museu del Modernisme es una institución de carácter privado, con fondos que van desde la pintura y las artes decorativas hasta maravillosos ejemplos de mobiliario. Trata de forma única uno de los periodos artísticos más importantes y fascinantes para Cataluña, un movimiento de carácter internacional que aquí desarrolla características únicas. El museo se ubica en el Ensanche de Barcelona, en un edificio de 1902 que constituye un marco de lo más apropiado, de características modernistas y cuyo diseño firma Enric Sagnier.

25.2.15

Clotilde y Sorolla

Fotografía atribuida a Campúa (1923)
La autoría se ha identificado a través de la publicación de la fotografía en la revista
Mundo Gráfico, suplemento Nº 615
Museo Sorolla, Madrid
©Ministerio de Educación, Cultura y Deporte

Terminamos la pequeñíma muestra de lo que podéis encontraros en el Museo Sorolla con una imagen entrañable del pintor con su esposa en sus últimos días. 
En el Museo se conserva una maravillosa colección de pintura, pero también de fotografía, cerámica, escultura o mobiliario que se hallaban en la casa en vida de Sorolla. Una visita imperdible e inolvidable, es mágico poder encontrarse ante los pinceles y la paleta del pintor.

Autorretrato

Joaquín Sorolla (1904)
Museo Sorolla, Madrid
©Ministerio de Educación, Cultura y Deporte

Paseo a orillas del mar

Joaquín Sorolla (1909)
Museo Sorolla, Madrid
©Ministerio de Educación, Cultura y Deporte

Clotilde con traje de noche

Joaquín Sorolla (1910)
Museo Sorolla, Madrid
©Ministerio de Educación, Cultura y Deporte

Un retrato que rebosa amor y admiración.
Joaquín Sorolla a Clotilde,  en una carta: 'Ando cojo, me falta tu sereno juicio y tus apasionados besos'.

Museo Sorolla, Madrid

Jardín en la Casa Sorolla
Joaquín Sorolla (1920)
Museo Sorolla, Madrid
©Ministerio de Educación, Cultura y Deporte

Un día más vamos a quedarnos en Madrid para que conozcáis un museo maravilloso.
Traspasar el portalón de la casa de Sorolla en Madrid es transportarse en el tiempo. Tan sólo adentrarse en ese maravilloso jardín que la precede, que aísla del tráfico de la capital y sirve de preparatorio para entrar en el edificio es ya un gran tesoro. Sorolla era un hombre de familia, y es un lujo poder conocer su casa madrileña tal y como él la concibió, porque la casa de un hombre tan familiar nos transmite mucho acerca de su persona. Comenzó a habitarla en 1911 con su mujer y sus hijos, en la cima de su éxito. Tras su muerte su viuda legó la misma junto a una colección de arte al Estado. Así fueron sus inicios.
Para ilustrar, ¿qué mejor una pintura de Sorolla de su propio jardín?

23.2.15

Cristina de Roncali y Gaviria, la pequeña Marquesa de Roncali

Luis de Madrazo y Kuntz (1858)
Museo Lázaro Galdiano, Madrid

Posa para Luis de Madrazo la pequeña Marquesa con siete años, consiguiendo el pintor realizar uno de sus mejores trabajos y una pintura que es emblemática para la retratística infantil del siglo XIX.
Su vistoso traje militar es el de cantinera de regimiento de granaderos de infantería, único puesto que una mujer podía ocupar en el ejército de la época. Era habitual disfrazar con uniformes militares a los niños en los bailes de máscaras, y con uno de estos preciosos trajes ha llegado a nuestros días la imagen de la pequeña y hermosa dama.

Joven ciclista

Lilla Cabot Perry (1894-1895)
Colección privada

20.2.15

Matilde de Aguilera y Gamboa, señora de Fontagud

Federico de Madrazo y Kuntz (1875)
Museo Cerralbo, Madrid

La dama representada en este maravilloso retrato es una de las hermanas favoritas del Marqués de Cerralbo. Viste un hermosísimo traje de seda negra adornado con tules y puntillas, y lo complementa a la perfección con unas piezas de plata y lapislázuli. Prendida en el cabello, peinado a la moda isabelina, destaca una media luna 'à la Diane' (un tema de joyería que ya hemos tratado en Arte XIX), resaltando la faceta sensual de la dama.

Detalle

19.2.15

Enfriador de botellas

Gisela baronin von Falke (c. 1900)
Museo Cerralbo, Madrid

Retrato de grupo en el salón

Fotógrafo desconocido (1890-1900)
Museo Cerralbo, Madrid

En nuestro itinerario por museos decimonónicos volvemos a Madrid para mostraros el Museo Cerralbo, otra de nuestras recomendaciones más encarecidas. Es como sumergirse en otro tiempo, rodeándose del lujo y las piezas más ponderadas de un verdadero coleccionista del siglo XIX.
Para muestra un botón: una fotografía de su interior datada entre 1890 y 1900.

18.2.15

Lámpara 'Libélula'

Émile Gallé (c. 1900)
Museo Art Nouveau y Art Déco Casa Lis, Salamanca
Fotografía: Imagen M.A.S.

En el Museo Art Nouveau y Art Déco Casa Lis podemos encontrar piezas de uno de los prohombres del Art Nouveau: Émile Gallé. Sus obras siempre fueron muy apreciadas y bien acogidas, con críticas muy positivas desde la presentación de sus piezas en la Exposición de París de 1878, y alcanzando fama internacional en la década de los 80. Gallé fue uno de los creadores de la Escuela de Nancy.
Su trabajo estuvo en la vanguardia modernista, con piezas de vidrio delicadas y espectaculares con motivos procedentes de la Naturaleza.

Carnaval

Federico Beltrán Masses (c. 1925)
Museo Art Nouveau y Art Déco Casa Lis, Salamanca
Fotografía: Óscar J. González Hernández

17.2.15

El marino Sánchez

Federico de Madrazo (1843)
Museo Nacional del Romanticismo, Madrid

Hermosísimo retrato firmado por Madrazo que representa a un hombre de mar. Al fondo se advierte la línea del horizonte marino, en su mano un instrumento náutico que posiblemente sea un sextante, ya que el antiguo astrolabio se sustituye por éste a partir del siglo XVIII, completando el decorado una escalera de cáñamo.

Una boda en 1830

Att. a José Gutiérrez de la Vega (c. 1830)
Museo Nacional del Romanticismo, Madrid

Aunque siempre se presenta a la Reina Victoria como la impulsora del color blanco en los vestidos de novia en esta pintura podemos advertir que sí, que puede ser la impulsora, pero no la inventora. Una década antes ya las novias casaban de blanco, un color luminoso y puro que destaca la belleza de las jóvenes. Un hermoso aderezo compuesto por pendientes, collar y broche en el que triunfan las perlas complementa el atuendo de la novia. El pintor representa una escena íntima, no una boda multitudinaria, esencia del ideal burgués  en el que la familia comienza a ser un núcleo cada vez más reducido.

Una boda en 1830, detalle

13.2.15

El topacio en la joyería del siglo XIX

Alfons Mucha (1900)

Topacios los hay de diferentes colores, pero el más apreciado era el de tono amarillo rojizo, la piedra de Ra para los egipcios por llevar consigo el color del sol.

El topacio amarillo en la joyería del siglo XIX e inicios del XX
Fots. vía Pinterest, selección Arte XIX


En el siglo XIX se hicieron dos descubrimientos en torno al topacio: el primero que calentándolo podía tornarse de color amarillo claro; el segundo fue el maravilloso hallazgo del topacio rosa en Rusia, desató tal furor y demanda que la casa real rusa se reservó su uso, pudiendo utilizarlo solamente ellos, sus amigos y familiares y personas muy exclusivas.


El topacio rosa en la joyería del siglo XIX e inicios del XX
Fots. vía Pinterest, selección Arte XIX

Topacio

Albert Joseph Moore (1879)

11.2.15

La esmeralda en la joyería del siglo XIX

Alfons Mucha (1900)

Parece ser que en la Antigüedad muchas piedras verdes eran confundidas con las esmeraldas y llamadas así. La fuente de mayor provisión de las mismas se encontraba en Egipto, Cleopatra las atesoraba con verdadera pasión, más aún que cualquier otra piedra preciosa.
El descubrimiento de América marcó un punto de inflexión en su historia, con las minas de Colombia y Brasil, por su abundancia y excelencia.
En la actualidad la esmeralda es la piedra preciosa de valor más elevado, duplicando e incluso triplicando el de los diamantes. Esto es debido a que solamente un porcentaje muy pequeño de las esmeraldas extraídas llegan a tallarse, y una mínima parte de estas está libre de inclusiones y presenta una calidad perfecta.

Esmeraldas en la joyería del siglo XIX
Fots. vía Pinterest, gracias a Maje Cabrera y Mercedes López Ordiales
Selección Arte XIX

En la joyería del siglo XIX son muchas las piezas que presentan esmeraldas. Las joyas modernistas habitualmente, aunque el verde es un color de especial valor en este estilo, suelen emplear otras piedras más económicas como alejandritas, crisoprasas, peridotos o crisoberilos.

Astarté Siríaca

Dante Gabriel Rossetti (1877)
Manchester Art Gallery

Retrato de Marianne Willumsen

Hermenegildo Anglada Camarasa (c. 1911)
Museo Carmen Thyssen, Málaga

XII

Porque son, niña, tus ojos 
verdes como el mar, te quejas; 
verdes los tienen las náyades, 
verdes los tuvo Minerva, 
y verdes son las pupilas 
de las hurís del Profeta. 
El verde es gala y ornato 
del bosque en la primavera. 
Entre sus siete colores 
brillante el Iris lo ostenta. 
Las esmeraldas son verdes, 
verde el color del que espera, 
y las ondas del océano, 
y el laurel de los poetas. 


Es tu mejilla temprana 
rosa de escarcha cubierta, 
en que el carmín de los pétalos 
se ve a través de las perlas. 
Y sin embargo, 
sé que te quejas, 
porque tus ojos 
crees que la afean. 
Pues no lo creas. 
Que parecen sus pupilas 
húmedas, verdes e inquietas, 
tempranas hojas de almendro 
que al soplo del aire tiemblan. 


Es tu boca de rubíes 
purpúrea granada abierta, 
que en el estío convida 
a apagar la sed en ella. 
Y sin embargo, 
sé que te quejas 
porque tus ojos 
crees que la afean. 
Pues no lo creas. 
Que parecen, si enojada 
tus pupilas centellean, 
las olas del mar que rompen 
en las cantábricas peñas. 
Es tu frente que corona 
crespo el oro en ancha trenza, 
nevada cumbre en que el día 
su postrera luz refleja. 


Y sin embargo, 
sé que te quejas 
porque tus ojos 
crees que la afean. 
Pues no lo creas. 
Que entre las rubias pestañas, 
junto a las sienes, semejan 
broches de esmeralda y oro 
que un blanco armiño sujetan. 
Porque son, niña, tus ojos 
verdes como el mar, te quejas; 
quizás si negros o azules 
se tornasen, lo sintieras. 

Gustavo Adolfo Bécquer 

-Sugerencia de Fátima Candelas-

10.2.15

El rubí en la joyería

El rubí, Alfons Mucha (1900)

¿Alguna vez has oído la palabra carbunclo o carbúnculo? Así es como antiguamente se llamaba a los rubíes. Su brillo rojo y profundo protegía de la mala salud y era el color de la pasión. Decía Plinio el Viejo que no se tallaban sellos en rubí porque 'se llevaban la cera', y efectivamente es rarísimo encontrar una de estas piezas tallada en esta piedra.
En la Edad Media el color rojo en las piedras preciosas se asociaba a la sangre de Cristo, así que los granates sobre todo por ser más frecuentes, y los rubíes, eran muy apreciados por los cristianos y su joyería en esta época.

Rubíes en la joyería de finales del siglo XVIII y siglo XIX
Fots. vía Pinterest, selección Arte XIX

En el siglo XIX se descubrió que el rubí era una variedad del corindón, de dureza extrema (9 en una escala de 10), y el rubí más apreciado es el conocido como 'sangre de paloma', que tiene toques de azul. Es una piedra relativamente usada en la joyería victoriana, casi siempre en piezas pequeñas porque son escasísimos los rubíes de grandes dimensiones. Desaparece prácticamente en la joyería modernista y se recupera con muchísimo estilo y preciosismo en piezas de joyería Art Decó.

Bodegón con flores, rosas rojas

Martin Johnson Heade (c. 1880-1889)
Colección privada

9.2.15

La amatista en el siglo XIX

La Amatista
Alfons Mucha (1900)

Nos cuentan en su página de Facebook nuestros amigos de De'Medici Bijoux que febrero es el mes de la amatista. Su color es el violeta: azul y rojo, lo masculino y lo femenino, la sensualidad y la espiritualidad. Su color es el símbolo del poder, en la Antigua Roma sólo la aristocracia podía vestir este color, más tarde el color de los Papas y los cardenales por herencia directa de la Antigüedad.

Amatistas en la joyería victoriana
Fots. vía Pinterest, selección Arte XIX

En el siglo XIX la amatista era considerada una piedra preciosa por su escasez, y además se consideraba símbolo de aristocracia y nobleza, por lo que se cotizaba mucho entre sus miembros. A mediados del siglo XIX era escasísima, los yacimientos más importantes se ubicaban en Alemania y se agotaron. En Oberstein este hecho originó una gran crisis, ya que la amatista era la base de su economía. Mucha gente de esta zona se vió obligada a emigrar, eligiendo algunos Sudamérica. Uno de estos inmigrantes eligió Brasil y allí, en Río Grande do Sul, descubrió que los terratenientes construían los muros de separación de sus fincas con bloques de ágata, pagando a quien les retirase los excedentes. Se hallaron aquí las más grandes geodas de amatista del mundo, y su gran abundancia convirtió esta piedra preciosa en semipreciosa.

Amatistas en la joyería modernista
Fots. vía Pinterest, selección Arte XIX

A finales del siglo XIX su color y su abundancia poblaron de destellos las joyas modernistas, su tonalidad encajaba perfectamente con el gusto del momento, y además... eran violeta, uno de los colores del Voto para las Mujeres.

Las piedras preciosas

Alfons Mucha (1900)

6.2.15

La Quinta Avenida bajo la luz del crepúsculo

Lowell Birge Harrison (c. 1910)
Detroit Institute of the Arts

Ha cambiado mucho la Quinta Avenida desde 1910, incluso bajo la mágica luz crepuscular ya no resulta ser la misma. Muchas más luces la iluminan, muchos edificios han desaparecido, muchos otros los han sustituido. Ya no son las mismas las siluetas que se adivinan en el trajín de sus calles, no es el mismo el color que tiñe su atmósfera, ni parecidos los vehículos que devoran su asfalto.
Quizá sean parecidos los anhelos que se esconden detrás de las ventanas iluminadas, iguales los que se encuentran tras las privadas de luz. Posiblemente el invierno continúe siendo igual.

La letra escarlata

George Henry Boughton (1867)
Colección privada

Los castigos entre los puritanos eran utilizados como método frecuente de penitencia, correctivo y humillación pública. El empleo de las letras como identificativas de su pecado no era únicamente para las adúlteras, se utilizaban otras letras diferentes también para ladrones o alcohólicos.
Otros castigos afectaban también a la integridad física de los pecadores: las estacas o la picota, la silla sumergible, latigazos, marcas a fuego (a veces la letra no se llevaba bordada en la ropa, se marcaba en la piel) e incluso ejecuciones.
En 1850 Nathaniel Hawthorne escribe 'La letra escarlata', una novela que se desarrolla en la Nueva Inglaterra puritana del siglo XVII y trata la historia de Hester Prynne, una mujer que intenta vivir con dignidad bajo una pública y humillante acusación de adulterio. En 1995 la novela se lleva al cine con mucho éxito, una película dirigida por Roland Joffé y protagonizada por Demi Moore, Robert Duvall y Gary Oldman.

4.2.15

Camafeos en la joyería victoriana

Camafeos del siglo XIX
Fots. vía Pinterest, selección Arte XIX

En el siglo XIX se recuperó con gran éxito el arte del camafeo, una talla muy apreciada en la Antigüedad.  El camafeo es el relieve obtenido sobre piedras preciosas y resulta espectacular sobre las ágatas, en especial sobre la sardónica y el ónice, ya que sus capas de diferentes colores ofrecen al artesano la posibilidad de trabajar sobre ellas de forma artística, dejando habitualmente un color para el fondo y otro para el motivo principal. Durante el Renacimiento se introdujeron otros materiales: marfil, ámbar, conchas, jade o caparazones de tortuga. 
Con el Neoclasicismo el interés por la Antigüedad atrajo las miradas nuevamente hacia el camafeo, y durante el siglo XIX vieron la luz hermosísimas obras de arte trabajadas con este sistema. Uno de los centros artesanales más famosos e importantes fue Torre del Greco, en Italia.

El amor de las almas

Jean Delville (1900)
Musée d'Ixelles, Bruselas

3.2.15

Autorretrato con la oreja cortada

Vincent Van Gogh (1889)
The Courtauld Gallery, Londres

Era el pintor de la luz y del color, quería llevar su brillo a los que sufrían, pero cuando terminó con su vida era una sombra de sí mismo. Van Gogh dependía económicamente de su hermano Theo, marchante de arte, dedicándose a la carrera artística después de abandonar su camino como predicador itinerante. 
Alcohólico, visitante asiduo de prostíbulos, un hombre de pasiones descontroladas y viscerales, nunca consiguió ganarse la vida como pintor, de hecho mientras estaba vivo sólo consiguió vender su 'Viñedo rojo'. En el año que pintó este cuadro, 1888, se había desplazado a Arlés atraído por la luz de la Provenza, y allí compartía una casa con Paul Gauguin, ya un pintor de éxito. No tenían una buena relación y tras una fuerte discusión Gauguin se fue, sintiéndose amenazado. Cuando volvió a la mañana siguiente un gran número de personas se hallaban frente a su domicilio, el interior estaba completamente salpicado de sangre y Gauguin fue detenido. Van Gogh había vuelto solo por la noche, se había cortado el lóbulo de la oreja con una navaja y después lo había envuelto en un papel de periódico, llevando obsequio tal al burdel donde trabajaba una mujer llamada Rachel: 'De verdad te lo digo, pensarás en mí', cuentan que le dijo mientras se lo entregaba.
El pintor fue internado en un asilo para enfermos mentales donde pintó este 'Autorretrato con la oreja cortada'. Cuando fue dado de alta, a los treinta y siete años, se suicidó.

2.2.15

Joyería de azabache: lujo para el luto

Joyería de azabache (siglo XIX)
Fots. vía Pinterest, selección Arte XIX

En el siglo XIX el eterno luto de la Reina Victoria marcó la moda. Como complemento de joyería perfecto se impuso entre las damas el uso del azabache de Whitby por influencia directa de la monarca. El luto obligado no era impedimento para asistir, más o menos discretamente, a fiestas, bailes y demás eventos, y por supuesto para lucir radiante entre el elenco de damas siempre dispuestas a sobresalir entre el resto. El azabache es maravillosamente moldeable, permitiendo todo tipo de trabajos de los que las obligadas señoras enlutadas no querían prescindir: en la selección que os mostramos podemos observar que no se privaban de ningún tipo de complemento, ya fueran pendientes, brazaletes, peinetas, broches o cualquier tipo de joya que se llevara en cualquier otro material o condición.
De todas formas el empleo del azabache no fue exclusivo de Inglaterra ni del siglo XIX, en otros lugares se utilizaba desde mucho antes y no sólo como joyería de luto, ya que se consideraba un elemento mágico y de protección frente al mal de ojo.

Tren en la nieve, la locomotora

Oscar-Claude Monet (1875)
Musée Marmottan Monet, París

Para los impresionistas fue un reto la captura del momento, de la fugacidad de la luz, del movimiento. Además del interés por la naturaleza para estos artistas fue de gran importancia el mundo del vapor y la velocidad que proporcionaba el ferrocarril. La perspectiva apoya siempre en estas representaciones la sensación de movimiento que se quiere transmitir, y en esta escena es fantástica: a la línea horizontal del tren y el vapor se suma la de la valla y la serie de árboles en un paisaje nevado de colores apagados en el que destacan los faros encendidos de la locomotora.