28.3.14

La Morgue de París, lugar turístico en el siglo XIX

La Morgue de París (c. 1870) ©Corbis

En la morgue de París, entre 1864 y 1907, se exponían los cadáveres no identificados tras un gran ventanal que cubría una cámara refrigerada. La finalidad es que alguno de ellos fuera reconocido, pero pronto se convirtió en una truculenta atracción turística. A partir de 1882 las innovaciones en cuanto a los sistemas de refrigeración prolongaban la exposición, que antes se mantenía simplemente impulsando chorros de agua fría sobre los cuerpos.
Los que finalmente habían de enterrarse sin identificar eran fotografiados y sus imágenes se exponían a la entrada del recinto para prolongar su visibilidad.

El orgullo de Sevilla

John Bagnold Burgess (1829-1897)
©Worcester City Museums

Retrato de una mujer

Joaquín Sorolla (1922)
Museo Art Nouveau y Art Déco, Casa Lis, Salamanca

Julia

Ramón Casas i Carbó (1915)
Museo Carmen Thyssen, Málaga

27.3.14

Retrato de Mrs. Alexander Spark

Maurice Felton (1840)
Art Gallery of New South Wales

Una carta divertida

Vittorio Reggianini (1858-1938)

Reinas malditas

Por Cristina Morató
Publicado por Plaza & Janés Editores (2014)
560 páginas
21 €

Las vidas de estas reinas distan mucho de ser un romántico cuento de hadas. Aunque infinidad de películas y novelas nos han mostrado el rosto más amable de su reinado, fueron, en general, muy desdichadas. Todas tienen en común la soledad, el desarraigo, la nostalgia, la falta de amor o el sufrimiento por no poder dar un heredero al trono. También comparten la dolorosa pérdida de sus hijos, los fracasos matrimoniales y el sentirse extranjeras en una corte donde no eran bien recibidas. Las suyas no fueron grandes historias de amor porque sus matrimonios eran asuntos de Estado. Algunas como Sissi fueron emperatrices en contra de su voluntad y enfermaron de melancolía, otras como Cristina de Suecia escandalizaron con su extravagante comportamiento y ansias de libertad. María Antonieta y Alejandra Romanov comparten un trágico final, mientras que la reina Victoria de Inglaterra y Eugenia de Montijo asumieron con extraordinaria dignidad su papel en momentos difíciles. A través de sus diarios personales y cartas familiares, Cristina Morató nos descubre el lado más humano y menos conocido de unas reinas y emperatrices maltratadas por la historia, que no pudieron elegir su destino. Excéntricas, caprichosas, rebeldes, ambiciosas…. Más allá de un mundo de privilegios, riqueza y poder, todas fueron mujeres de carne y hueso obligadas a llevar sobre sus hombros la pesada carga de un imperio. “
'La corona de Francia es una corona de espinas”', Eugenia de Montijo, emperatriz de los franceses.
Texto por la editorial.

Un tema muchas veces llevado ya a la novela y a la literatura biográfica pero prometedor en manos de Cristina Morató, ya que su prosa es siempre muy atractiva. Ha tratado el tema de otras vidas interesantes femeninas en otras ocasiones siempre con éxito, resultando unas obras amenas en las que pueden descubrirse siempre detalles nuevos. Ideal para un primer acercamiento a las figuras de estas reinas con vidas más o menos trágicas.

Jugend 1903

Portada de 'Jugend' (1903), Eugen Spiro
Fot. ©Universitäts Bibliothek Heidelberg

Rosamund Hester Elizabeth Pennell Croker, más tarde Lady Barrow, a los 17 años

Sir Thomas Lawrence (1826)
Albright-Knox Gallery, Búfalo, Nueva York

26.3.14

Las 'lits clos' de la Bretaña francesa

'Lits clos' o 'camas cerradas', pertenecientes al mobiliario tradicional bretón
Fuente: www.andrestavern.com

A la mayoría de nosotros el mueble que se encuentra detrás de la pareja protagonista puede parecernos una alacena, ricamente tallada, con un banco anterior.

En realidad se trata de 'lits clos' o 'camas cerradas', un mueble típico de la Bretaña francesa que se idea para mantener la intimidad de los miembros de la familia a la hora de dormir y acumular calor. La mayor parte de las casas tradicionales presentaban una única estancia que servía de cuarto de estar, cocina y dormitorio, por lo que se ideó este tipo de mobiliario, prácticamente el único presente en muchas viviendas.

'Lits clos' dobles
Fuente: www.homethingspast.com

Gustav Klimt: pionero del arte moderno



















Hasta el 30 de marzo, Sala de Exposiciones de la Biblioteca Pública del Estado, Zamora (ESP).

Enlace a la página oficial de la exposición.

Mrs. Cecil Wade

John Singer Sargent (1886)
The Nelson-Atkins Museum of Art, Kansas City

La nueva Salomé

Max Klinger (1887-1888)
Skulpturensammlung, Staatliche Kunstsammlungen Dresden

25.3.14

La Emperatriz Eugenia de los franceses

Franz Xaver Winterhalter (1853)
Musée d'Orsay, París

La Emperatriz Eugenia

Franz Xaver Winterhalter (1854)
The Metropolitan Museum of Art, Nueva York

Eugenia de Montijo en los retratos de Winterhalter: un icono del arte del siglo XIX



La Emperatriz Eugenia de Montijo | S.M.I. Doña María Eugenia de Guzmán, Condesa de Teba
Franz Xaver Winterhalter (1862)
Fundación Casa de Alba, Madrid

A petición de Karin Wachtendorff, que nos reporta el apartado de moda, presentamos en color diferente el texto de su autoría para distinguir claramente los diferentes trabajos, ya que esta entrada es resultado de una colaboración.

Revisando la figura de la Emperatriz Eugenia fácilmente se advierte el motivo por el que podemos decir que fue un icono de su tiempo. Fue una mujer que ejerció varias regencias, nada menos que de una nación como la francesa, con un poder inigualable y tomando decisiones propias, aunque de algunas hubiera de arrepentirse. Hermosa, educada, afable, en un momento en el que la imagen comienza a ser difundida sin cortapisas gracias a la fotografía, llegando cada uno de sus movimientos, costumbres y aficiones a cada rincón del mundo. Inmortalizada por los mejores pintores del momento en retratos inolvidables: Gérôme, Dubufe, Tissot, Boutibonne, Winterhalter… la lista es impresionante. Incluso algunos de ellos tienen talleres litográficos y de reproducción en los que se copian las pinturas originales para mayor distribución, debido a la demanda. El momento era el ideal, las posibilidades perfectas, la mujer… la mujer era Eugenia de Montijo.

Eugenia de Montijo (1826-1920) fue emperatriz consorte de los franceses al casarse con Napoleón III. Hija de Cipriano Palafox y Portocarrero, Grande de España, y de María Manuela Kirkpatrick y Grevigné, nieta de la IV Condesa de Montijo, Mª Francisca de Sales Portocarrero. Nace en Granada y es enviada a estudiar a Francia e Inglaterra desde los 9 años de edad. Conoce a su futuro esposo en 1849, quien era en ese momento presidente de la República Francesa, en una recepción en el Palacio del Elíseo. Se desposa en 1853 y en 1856 da a luz a su único hijo, Luis Napoleón, que murió en Sudáfrica en 1879 a manos de los zulúes.


Eugenia, Emperatriz de Francia, portando a su hijo Eugenio Luis-Napoleón
Franz Xaver Winterhalter (1857)
Obra en paradero desconocido

La Emperatriz tomó parte activa en la política, defendiendo los poderes del Papa frente a la opinión de su marido, y ejerció tres veces la regencia del Imperio ante la ausencia de su esposo.

A la caída del Segundo Imperio Francés vivió exiliada con su familia en Inglaterra, y posteriormente en una villa Biarritz. Emparentada con la Casa de Alba se alojó en algunas de sus propiedades como el Palacio de Liria, en Madrid, y a esta Casa pasaron algunas de sus propiedades: muebles, pinturas y un hermoso retrato pintado por Winterhalter, del cual pudimos disfrutar recientemente en el Museo del Romanticismo de Madrid. La mayor parte de sus joyas, una colección inigualable, fue adquirida más tarde por la multimillonaria Aimée de Heeren.


Franz Xaver Winterhalter
Bibliothèque Nationale de France (1805-1873)
Fotografía (papel albúmina) hacia 1865

Franz Xaver Winterhalter (1805-1873) fue un pintor y litógrafo nacido en la alemana Selva Negra, famoso por sus retratos de la realeza europea, destacando entre los más conocidos los que realizó con Sissí, Eugenia de Montijo, la reina Victoria o Isabel II como protagonistas.

Cuando viajó a París, con gran interés por parte de la reina de Francia María Amalia, se convirtió en pintor de moda. Su reputación como retratista frívolo hizo que los críticos lo rechazaran, pero nunca tuvo problemas económicos. No se vio jamás afectado por las caídas de las diferentes dinastías, que seguían recurriendo a él para inmortalizar sus egregias figuras.

La emperatriz Eugenia fue una de sus modelos favoritas, siendo su obra maestra ‘La Emperatriz Eugenia rodeada de sus damas de compañía’, correspondiéndole siempre ella con favores y una gran gratitud.


Eugenia de Montijo, Emperatriz Consorte de los franceses
Franz Xaver Winterhalter (1864)
Château de Compiègne

El estilo de Winterhalter es lujoso, hedonista, disfrutando del retrato femenino que le dio muchas más memorables obras que los masculinos. Intimistas y tiernos, sus retratos eran la perfección absoluta tanto en los rostros de las protagonistas como en las pieles, las joyas, la textura de los tejidos que son casi sensibles al tacto. Cada retrato es una hermosa composición teatral en la que las pieles de marfil desprenden el aroma de exquisitos perfumes, y los sedosos cabellos se disponen en los más maravillosos peinados.
Se considera que Winterhalter pintaba en el lienzo directamente, sin estudios preliminares, con pinceladas rápidas, apretadas y cuidadosísimas, siendo él mismo quién decidía la pose y el vestuario de la modelo.

La belleza de Eugenia de Montijo era admirada y envidiada a la vez. Consciente de su papel como soberana, se preocupaba por dar una imagen impecable, acorde a su rango y posición, motivo por el que pasaba tardes enteras junto a su modisto favorito: Charles Frederick Worth.



La Emperatriz Eugenia
Franz Xaver Winterhalter (1854)
The Museum of Fine Arts, Houston


Nos la podemos imaginar en una tarde de verano, en su gabinete de palacio junto al gran modisto, decidiendo entre ambos qué tejidos serían los adecuados para el hermoso vestido que él había diseñado para ella. Un vestido -que luciría en el gran baile de gala que se iba a celebrar en el Palacio del Elíseo- compuesto por un cuerpo escotado, y una espectacular falda con 130 volantes. Tras pasar varias horas contemplando las muestras de encaje, las guarniciones, y los tejidos de muselina, reps, moiré, y sedas brocadas que Worth le había traído, finalmente se decanta por la delicada muselina y un tul de seda para los volantes, ambos de color blanco. Para los adornos, elige el encaje de Malinas, y cintas de gro de diversos anchos, todas en color malva (su color favorito).

Eugenia se deja aconsejar por Worth, sin embargo, ella siempre tiene la última palabra, pues sabe lo que le gusta y lo que mejor le sienta.


La emperatriz Eugenia rodeada por sus damas de compañía
Franz Xaver Winterhalter (1855)
Château de Compiègne

Como complementos, Eugenia decide que lucirá para la ocasión un hermoso y delicado chal de blonda, que le han enviado desde España, con unos mitones a juego. A pesar de ser verano, las noches parisinas son frescas, y no hay nada mejor que el encaje para cubrir sus hermosos hombros.

Más tarde, Eugenia hará llamar a su peluquera para decidir qué tocado será el idóneo para adornar su reluciente cabello color miel. Tras contemplar varios modelos, elige un tocado a base de muguet, y finas cintas de tafetán en tonos malva, rosa y blanco. Por último, la doncella le trae unos delicados zapatos de baile que estrenará para la ocasión. Forrados de satén color malva, con pequeñas florecillas bordadas a mano y tacón Luis XV, serán los ideales para combinarlos con aquel vestido.

Eugenia es perfeccionista y no deja nada al azar. Se mira al espejo, y se imagina a sí misma hermosa, con aquel maravilloso vestido, entrando en el luminoso salón de baile del brazo del Emperador, mientras despierta la admiración de todos los asistentes...


Chaqueta de chantilly perteneciente a Eugenia de Montijo en la muestra del Museo del Romanticismo (2012)
Al fondo se observa reflejado en un espejo el retrato de la emperatriz por Winterhalter
propiedad de la Fundación Casa de Alba, obra invitada en el Museo.
Fot. Karin Wachtendorff

Post en colaboración con Historia de la Moda y los Tejidos
'Eugenia de Montijo en los retratos de Winterhalter: un icono de la moda del siglo XIX'

Autores
Historia y Arte: Arte XIX, nuestra página de Facebook en Arte XIX.
Moda: Karin Wachtendorff, de Historia de la Moda y los Tejidos. También puedes acceder a su página de Facebook en el siguiente enlace Historia de la Moda y los Tejidos.
Selección y localización de pinturas ilustrativas (a excepción de la fotografía que como indicábamos pertenece a Karin Wachtendorff, amablemente cedida por la autora): Arte XIX.

Bibliografía
Boucher, François, Historia de la moda en Occidente, GGModa, Barcelona, 2009.
Chauvel, Geneviève, Eugenia de Montijo, emperatriz de los franceses, Editorial Edhasa, Madrid, 2000.
Figueroa, Agustín de, Modos y Modas de cien años, Aguilar, Madrid, 1966.
Museo del Romanticismo, Obra invitada. Eugenia de Montijo, Franz Xaver Winterhalter, Madrid, 2012 (documento online: http://museoromanticismo.mcu.es/web/archivos/documentos/dossier_obra_invitada_eugenia.pdf).
Ormond, Richard y Carol Blackett-Ord, Franz Xaver Winterhalter and the Courts of Europe, 1830-1870, Catálogo de Exposición, National Portrait Gallery, Londres, 1987.

El brazalete nuevo

Frans Verhas (c.1870)


Julia, Lady Peel

Thomas Lawrence (1827)
The Frick Collection, Nueva York

24.3.14

La suciedad en las calles del siglo XIX: problemas y soluciones

Viviendas del lujoso barrio de Belgravia, Londres
Fuente: austenprose.com

Las idílicas, monumentales y hermosas calles de los barrios más selectos en las grandes ciudades también eran un caos de suciedad en el siglo XIX. Principalmente había un factor que complicaba el tema sobremanera: el medio de transporte al uso.
Aún hoy las calles más elegantes conservan las soluciones y propuestas a las que se llegaron en su momento. En Londres inmediatamente pensamos en Belgravia, desarrollado a partir de 1820, en el centro de la ciudad, entre los distritos de Ciudad de Westminster y Kensington y Chelsea, una zona de lujo que aún hoy sigue siéndolo: hermosas y exclusivas residencias blancas en las que vivieron Alfred Tennyson o Mary Shelley, y quién no recuerda a la familia Bellamy de 'Arriba y abajo', residentes en el 165 de Eaton Place.

La abundante producción de estiércol de los caballos, y el gran número de carruajes que se precisaban para el transporte convertían las calles en depósitos de abono natural. La situación tenía una vuelta de tuerca, ya que las lluvias hacían de los espacios comunes auténticos lodazales, enormes ríos de barro y estiércol que se introducían en las plantas inferiores de las casas. Por este motivo la planta principal de las viviendas se elevó sobre el nivel de la calle, presentando ante la puerta una escalinata. Las plantas inferiores se destinaban al servicio, que tenían que sufrir los rigores tanto del frío como de la humedad y de este otro terrible inconveniente.

Limpiabarros de hierro fundido, aún en su lugar original
Masía Can Deu, Barcelona
Fot. Jordi Barceloneta
Fuente: http://lostbarcelona.blogspot.com.es

Aún así, tampoco se libraban los botines y elegantes zapatos de damas y caballeros de llegar al vestíbulo de la elegante residencia con los desagradables residuos impregnando su calzado. Por esto se colocaban, ante la puerta, o en el portal de los edificios con varias viviendas, los 'limpiabarros'. Los había en muy diferentes versiones siendo siempre de hierro, y aún hoy puede localizarse alguno de la época aún en su lugar, pequeños tesoros mudos de aquel tiempo.
Desde luego cualquier precaución era poca, porque tampoco se libraban los trajes y abrigos de salpicaduras y manchas. Sólo imaginarnos uno de esos preciosos vestidos de seda de las señoras arrastrándose por el fango, quién no lo ha pensado viendo una película de la época... La labor de limpieza de las ropas era dura, laboriosa y complicada, mucho más aún antes de la invención y generalización de la lavadora. Habitualmente la realizaban las amas de casa o, si era posible económicamente, se contrataban los servicios de una lavandera.

Anuncio de 1910 de la lavadora "Happy Day"
National Sewing Machine Co. of Belvidere, Illinois
La transformación de un 'triste lunes' en un día feliz hace referencia a que,
habitualmente, los lunes estaban destinados en el ámbito doméstico
a las labores de lavandería
Fuente: Pinterest

Como decíamos, el trabajo de lavandería era muy duro y agresivo para las personas que lo ejecutaban. Hay algunos pasajes de la novela autobiográfica 'John Barleycorn', de Jack London, que nos permiten hacernos una idea: retirar cintas, botones y encajes que no soportaban los efectos de los productos químicos, volver a colocarlos más tarde, lavar, secar, el durísimo trabajo del planchado. Un montón de horas dedicadas a un trabajo que rápidamente volvía otra vez a ser necesario.

Una 'Lavandería de las Magdalenas' a comienzos del siglo XX
Imagen escaneada por Eloquence desde F. Finnegan, Do Penance or Perish. A Study of Magdalen Asylums in Ireland, Congrave Press, Ireland, Piltown, Co. Kilkenny (2001)
Fuente: Wikipedia

En Inglaterra e Irlanda surgieron una serie de instituciones conocidas como Asilo de las Magdalenas o de 'mujeres caídas', dirigidas muchas de ellas por la Iglesia Católica en Irlanda y regidas por las Hermanas de la Misericordia. Su labor era dar una opción de una vida diferente y honesta sobre todo a mujeres que ejercían la prostitución en régimen de internamiento. Allí tenían que cumplir con un horario laboral realmente extenso, y en muchos casos eran trabajos de lavandería, lo cual llevó a que estos asilos se conocieran también como 'Lavanderías de las Magdalenas'.
La idea de acogida y ayuda rápidamente fue desembocando en unas instituciones que más que asilos eran prisiones, donde muchas mujeres ingresaban obligadas por sus familias o por sacerdotes, sin posibilidad de salir libremente. Comenzaron a funcionar en la década de 1840, y la última de estas lavanderías se cerró en Irlanda en 1996.

Retrato de Marie Breunig

Gustav Klimt (1894)
Colección privada

Retrato de una dama elegante, en tres cuartos, con traje rojo y chal bordado, de pie en un paisaje

Eduard Friedrich Leybold (1824)
 Colección privada

Caminata matutina

John Singer Sargent (1888)
Colección privada

Retrato de las señoritas Mary y Emily McEuen

Thomas Sully (1823)
Los Angeles County Museum of Art

22.3.14

Celeste Mogador, de bailarina a condesa

Celeste Mogador, condesa de Chabrillan (1854)
Fotografía por Mayer Frères

Céleste Meinard nace en París (1824-1909) en el barrio del Temple, y se ve obligada a vivir una infancia muy penosa con la muerte de su padre a la edad de seis años, el desinterés de su madre y un padrastro violento. Hasta 1844 su nombre no cambiará a Mogador.
A los 16 años comienza a trabajar atendiendo a las lorettes, como se conocía a las prostitutas del barrio de Notre-Dame-de-Lorette, y en la década de 1840 debuta en el Cirque-Olimpique o Hipódromo. En 1850 idea y lanza en Le Bal Mabille la Quadrille, precedente del can-can, un baile descarado con cuatro bailarinas que danzan de dos en dos, basado en las polkas y los valses.

Conoce al conde Lionel de Moreton Chabrillan y se enamoran con una relación repleta de celos, rupturas y reconciliaciones. Finalmente se casan pasando a ser Condesa de Chabrillan. Como la vida no podía continuar siendo bella y fácil las deudas les agobian, y el conde huye a Inglaterra. Celeste sigue viviendo en Francia y consigue hacer frente a sus acreedores recuperando por su cuenta el castillo familiar de su marido, para disgusto de sus parientes políticos. En 1854 aparece una publicación firmada por su pluma, 'Adieu au monde, Mémoires de Céleste Mogador' en Melbourne, donde había ido a vivir tras el nombramiento de su marido como cónsul de Francia en Australia. Decididamente la vida en este continente no le agrada y vuelve a París.

Le Bal Mabille, Jean Béraud (1849-1935)
Colección privada

Después de la muerte de su marido en 1858 se ve obligada a vender sus propiedades inmobiliarias y en 1868 se hace cargo de un teatro, el Folies-Marigny, en los Campos Elíseos. Tras la quiebra del teatro se traslada a Vésinet y construye el Chalet Lionel, que donó finalmente para que funcionara como orfanato.
Su interés por el mundo del teatro aún le motivó para descubrir a otra gran bailarina famosa, Louise Weber, 'La Goulue', que fue inmortalizada por Toulouse-Lautrec.
El final de sus días los vivirá en un geriátrico hasta su muerte.

Lectora pensativa

Franz Dvorak (1862-1927)

Tónico para las lombrices del Dr. D. Jayne (1889)


Retrato de una joven

Jan van Beers (1883)

20.3.14

Tu nombre después de la lluvia

Por Victoria Álvarez
Publicado por Lumen (2014)
584 páginas
22 €

En 1903 un grupo de investigadores viaja a Irlanda para resolver el extraño caso de una banshee, personaje mitológico que anuncia las muertes de los miembros de un clan, y que tiene aterrorizados a los habitantes de una pequeña población presidida por un antiguo y arruinado castillo junto al mar. 
Victoria Álvarez ha sido honrada con distintos premios literarios, entre ellos el Torrente Ballester. Es historiadora del arte y especializada en literatura del siglo XIX. En 2011 publicó 'Hojas de dedalera' y al año siguiente 'Las Eternas', dos novelas que ya han sido traducidas a otros idiomas y han recibido muy buena acogida por parte de sus lectores.

Me había ocurrido ya con una de las obras anteriores de Victoria Álvarez, que por casualidad alguien me recomendó en la página de Facebook de Arte XIX, 'Hojas de dedalera'. En cuanto empiezas a leer se te olvida el castellano nombre de la autora y haces una inmersión directa en la Inglaterra victoriana,  con la sensación que produce el ambiente de algunas de las novelas y cuentos menos conocidos de Arthur Conan Doyle o Bram Stoker: misterio, extraños casos por resolver, fenómenos paranormales y magníficos escenarios para los que estamos fascinados por el siglo XIX.
Al poco tiempo de acabar la novela mencionada, y tras disfrutar con la vida y aventuras de la delicada Annabel Lovelace, descubro que la joven autora salmantina ha publicado una nueva novela, al igual que la que acababa de leer de más de 500 páginas, algo que sinceramente me encanta: cuando te gusta el ambiente y conoces a los personajes lo que te apetece es disfrutar de una larga historia.
Con una buena distribución por parte de Lumen no es difícil hacerse con la novela, repleta de curiosidades decimonónicas -se advierte que la escritora es una apasionada de la época y realiza una buena labor de documentación previa-, personajes variopintos, unos más interesantes que otros, lluvias y tormentas, aullidos espectrales, tenebrosos lugares y momentos de tensión.

Seguramente pronto nos pondremos con 'Las Eternas', ya que las novelas de Victoria Álvarez se desarrollan en una época tan interesante y, una vez que las empiezas, siempre apetece buscar un momento para sentarse a leer... con toda probabilidad con una taza de Earl Grey a mano...

Mademoiselle Vaughan

Paul Helleu (1905)