20.12.16

Los visitantes navideños de la abuela

George Adolphus Storey (1873)
Museums Sheffield

'Las personas que nunca se preocupan por sus antepasados jamás mirarán hacia la posteridad'.
-Edmund Burke-

Regalos de Navidad

Hugo Oehmichen (1882)
V&A Museum of Childhood

'En la medida en que el sufrimiento de los niños está permitido, 
no existe amor verdadero en este mundo'.
-Isadora Duncan-

19.12.16

En el aire helado

En el aire helado | Through the Crisp Air, Joseph Farquharson (1902)
Touchstones Rochdale

'Soy un alma desnuda en estos versos, 
Alma desnuda que angustiada y sola 
Va dejando sus pétalos dispersos. 

Alma que puede ser una amapola, 
Que puede ser un lirio, una violeta, 
Un peñasco, una selva y una ola. 

Alma que como el viento vaga inquieta 
Y ruge cuando está sobre los mares, 
Y duerme dulcemente en una grieta. 

Alma que adora sobre sus altares, 
Dioses que no se bajan a cegarla; 
Alma que no conoce valladares. 

Alma que fuera fácil dominarla 
Con sólo un corazón que se partiera 
Para en su sangre cálida regarla. 

Alma que cuando está en la primavera 
Dice al invierno que demora: vuelve, 
Caiga tu nieve sobre la pradera. 

Alma que cuando nieva se disuelve 
En tristezas, clamando por las rosas 
con que la primavera nos envuelve. 

Alma que a ratos suelta mariposas 
A campo abierto, sin fijar distancia, 
Y les dice: libad sobre las cosas. 

Alma que ha de morir de una fragancia 
De un suspiro, de un verso en que se ruega, 
Sin perder, a poderlo, su elegancia. 

Alma que nada sabe y todo niega 
Y negando lo bueno el bien propicia 
Porque es negando como más se entrega. 

Alma que suele haber como delicia 
Palpar las almas, despreciar la huella, 
Y sentir en la mano una caricia. 

Alma que siempre disconforme de ella, 
Como los vientos vaga, corre y gira; 
Alma que sangra y sin cesar delira 
Por ser el buque en marcha de la estrella'.

-Alma desnuda, Alfonsina Storni-

La luz del sol en la habitación sur, Kellie

John Henry Lorimer (c.1913)
The National Trust for Scotland, Kellie Castle & Garden

'La esperanza es como el sol, que arroja todas las sombras detrás de nosotros'.
-Samuel Smiles-

16.12.16

Romeo junto al lecho de muerte de Julieta

Johann Heinrich Füssli (1809)
Colección privada

'...y él que no te quiso creer muerta
llamó aún durante cien años a tu puerta'.
-La Canción de Marinella, Fabrizio de André-

Un idilio

Albert Joseph Moore (1893)
Manchester Art Gallery

'Y mi ardiente pasión murió de frío; que así muere el amor cuando no hay celos'.
-Antonio García Gutiérrez-

15.12.16

Invierno

 Edouard Bisson (1904)
Shipley Art Gallery

'Pronto nos hundiremos en las frías tinieblas;
¡Adiós, viva claridad de nuestros menguados estíos!
Escucho ya caer con resonancias fúnebres
La leña retumbante sobre el empedrado de los patios.


Todo el invierno va a penetrar en mí ser: cólera,
Odio, estremecimientos, horror, trabajo duro y forzado,
Y, como el sol en su infierno polar,
Mi corazón no será más que un bloque rojo y helado'.

-Fragmento de Canto de Otoño, Charles Baudelaire-

El gato blanco

Vittorio Matteo Corcos (1859-1933)
Colección privada

'En invernales horas, mirad a Carolina.
Medio apelotonada, descansa en el sillón,
envuelta con su abrigo de marta cibelina
y no lejos del fuego que brilla en el salón.

El fino angora blanco, junto a ella se reclina,
rozando con su hocico la falda de Alençón,
no lejos de las jarras de porcelana china
que medio oculta un biombo de seda del Japón.

Con sus sutiles filtros la invade un dulce sueño;
entro, sin hacer ruido; dejo mi abrigo gris;
voy a besar su rostro, rosado y halagüeño

como una rosa roja que fuera flor de lis.
Abre los ojos, mírame con su mirar risueño,
y en tanto cae la nieve del cielo de París'.

-Rubén Darío-

13.12.16

Belleza

Friedrich Wilhelm Schadow (c.1828)
Museum der Bildenden Künste, Leipzig

'La belleza es muy superior al genio. No necesita explicación'.
-Oscar Wilde-

Entre las flores

Louise Abbéma (1892)

'Entre las flores te fuiste.
Entre las flores me quedo'.
-Miguel Hernández-

12.12.16

Robert Ferguson de Raith (1770-1840) y el Teniente General Sir Ronald Ferguson (1773-1841) o 'Los arqueros'

Henry Raeburn (1789-1790)
The National Gallery

'Amor me ha dejado como blanco para flecha,
como al sol nieve, como cera al fuego,
y como niebla al viento; y ya estoy ronco
de pediros piedad, señora, sin que os importe'.
-Cancionero, Petrarca-

La muerte de Arturo

Fot. Julia Margaret Cameron (1875)
Para 'Idylls of the King', de Alfred Tennyson

'(Había) tres reinas con coronas de oro: alzaron 
un grito que estremeció hasta a las titilantes estrellas,
y era como una única voz, una agonía
de lamentos, como un viento que ulula
toda la noche en una tierra abandonada'.
-Idilios del Rey, La Muerte de Arturo, Alfred Tennyson-

10.12.16

Una sirena

John William Waterhouse (1892-1900)
Royal Academy of Arts, Burlington House

'Tengo la convicción de que no existes 
y sin embargo te oigo cada noche 

te invento a veces con mi vanidad 
o mi desolación o mi modorra 

del infinito mar viene su asombro
lo escucho como un salmo y pese a todo 

tan convencido estoy de que no existes 
que te aguardo en mi sueño para luego'.

-Sirena, Mario Benedetti-

Miranda, La Tempestad

John William Waterhouse (1916)
Colección privada

'Estamos hechos de la misma materia que los sueños'.
-William Shakespeare-

7.12.16

La Dama de Shalott

John William Waterhouse (1888)
Tate Britain

I
En la ribera, durmiendo,
grandes campos de cebada y centeno
visten colinas y encuentran el cielo;
por el campo nace el sendero
hacia las mil torres de Camelot;
y arriba, y abajo, la gente anda,
mirando los lirios que florecen,
en la isla que río abajo emerge:
la isla de Shalott.

Tiembla el álamo, palidece el sauce,
grises ráfagas estremecen los aires
y la ola, que por siempre llena el cauce,
por el río y desde la isla distante
fluye incesante hasta Camelot.
Cuatro muros grises: sus grises torres
reinan el espacio entre las flores,
y en el silencio de la isla se esconde
la dama de Shalott.

Tras un velo de sauces, por la ribera,
las pesadas barcas arrastradas
por lentos caballos; y furtiva,
una vela de seda traza
surcos de espuma, hacia Camelot.
Pero ¿quién la vio saludando?
¿o en la ventana de su cuarto mirando?
¿o acaso es conocida en el reino
la dama de Shalott?

Sólo los segadores, muy temprano,
cuando arrancan los maduros granos,
oyen ecos de un alegre canto
que brota desde el río, alto y claro
hasta las mil torres de Camelot:
Bajo la luna el segador trabaja,
apilando haces en las eras altas.
Escucha y susurra: “Es ella, el hada,
la dama de Shalott”.

II
Ella teje día y noche,
seda mágica de hermosos colores.
Ha oído un rumor sobre
una maldición: como se asome
y mire lejos, hacia Camelot.
No conoce la condena que pueda ser,
ella surce y no deja de tejer,
otra cosa no existe que pueda temer,
la dama de Shalott.

Moviéndose sobre un espejo claro
que cuelga frente a ella todo el año,
sombras del mundo aparecen. Cercano
ve ella el camino que serpenteando
conduce a las torres de Camelot;
Allí el remolino del río gira,
y descortés el aldeano grita,
y de las mozas las capas rojizas
se alejan de Shalott.

A veces un tropel de alegres damas,
un abate, al que portan con calma,
o es un pastor de cabeza rizada,
o de largo pelo y carmesí capa,
un paje se dirige a Camelot;
y a veces cruzan el azul espejo
caballeros de dos en dos viniendo:
no tiene un buen y leal caballero
la dama de Shalott.

Pero en su tela disfruta y recoge
del espejo las mágicas visiones,
y a menudo en las silenciosas noches
un funeral con plumas y faroles
y música, iba hacia Camelot:
O venían, la luna en su camino,
amantes casados de ahora mismo;
“Estoy enferma de tanta sombra”, dijo
la dama de Shalott.

III
A tiro de arco del alero de ella,
él cabalgaba entre la mies de la era;
deslumbraba el sol entre hojas nuevas,
y ardía sobre las broncíneas grebas
del valiente y audaz Sir Lancelot.
Un cruzado al que arrodillado puso
con la dama por siempre en el escudo,
brillaba en el campo amarillo, junto
la lejana Shalott.

Brillaba libre enjoyada la brida:
una rama de estrellas imprevistas
colgadas de una Galaxia amarilla.
Sonaban alegres las campanillas
mientras cabalgaba hacia Camelot:
y en bandolera, plata entre blasones,
colgaba un potente clarín. Al trote,
su armadura tintineaba, sobre
la lejana Shalott.

Bajo el azul despejado del cielo
refulgía la silla de oro y cuero,
ardía el yelmo y la pluma del yelmo,
juntas como una sola llama al viento,
mientras cabalgaba hacia Camelot:
Así en la noche púrpura se viera,
bajo cúmulos sembrados de estrellas,
un cometa, cola de luz, que llega,
a la quieta Shalott.

Su frente alta y clara, al sol brillaba;
sobre los pulidos cascos trotaba;
por debajo de su yelmo flotaban
los bucles negros, mientras cabalgaba,
cabalgaba directo a Camelot.
Desde la orilla, y desde el río,
brilló en el espejo de cristal,
“tralarí lará” cantando en el río
iba Sir Lancelot.

Dejó la tela, y dejó el telar,
tres pasos en su cuarto ella fue a dar,
ella vio el lirio de agua reventar,
el yelmo y la pluma ella fue a mirar,
y posó su mirada en Camelot.
Voló la tela, y se quedó aparte;
se rompió el espejo de parte a parte;
“la maldición vino a mi”, gritó suave
la dama de Shalott.

IV
En la tormenta que del Este soplaba,
los bosques de oro pálido menguaban,
y el río ancho en su orilla los lloraba.
Un cielo negro y bajo diluviaba
encima las torres de Camelot.
Ella bajó hasta el río, y encontróse
bajo un sauce, una barca aún a flote,
y escribió, justo en la proa del bote,
“La Dama de Shalott”.

Del río a través del pequeño espacio
como un audaz adivino extasiado
y en trance, viendo ante sí su trágico
destino, y con el semblante impávido,
ella miró lejos, a Camelot.
Y cuando el día por fin se acababa,
ella se tendió, y soltando amarras,
dejó que la corriente la arrastrara,
la dama de Shalott.

Tendida, vestida de un blanco nieve
desbordando por los lados del bote
las hojas cayendo sobre ella, leves,
a través del sonido de la noche,
ella flotaba hacia Camelot.
Y mientras la afilada proa hería
los campos y las esbeltas colinas,
se oyó un cantar, su última melodía,
la dama de Shalott.

Se oyó un cantar, un cantar triste y santo
cantado con fuerza y luego muy bajo,
hasta helarse su sangre muy despacio,
por completo sus ojos se cerraron
fijos en las torres de Camelot.
Porque hasta allí llegó con la marea,
de las primeras casas a la puerta,
y cantando su canción quedó muerta,
la dama de Shalott.

Debajo la torre y la balconada
entre las galerías y las tapias
hermosa y resplandeciente flotaba,
pálida de muerte, entre las casas,
entrando silenciosa en Camelot.
Al embarcadero juntos salieron:
dama y señor, burgués y caballero,
su nombre junto a la proa leyeron,
la dama de Shalott.

¿Qué tenemos aquí ? ¿ Y qué es todo esto ?
Y en el palacio de luces y juegos
el jolgorio real tornó silencio;
Se santiguaron todos con miedo,
los caballeros, allí en Camelot:
Pero Lancelot, meditando un poco,
fue y dijo, “Ella tiene el rostro hermoso,
por gracia de Dios misericordioso,
la dama de Shalott.”

-La Dama de Shalott, Alfred Tennyson-

El Rey Cophetua y la mendiga

Edward Burne-Jones (1884)
Tate Britain

Puso sus brazos sobre el pecho;
Era más encantadora de lo que las palabras pueden describir;
Con los pies descalzos llegó la mendiga
Ante el rey Cophetua.
Con manto y corona el rey descendió,
Para conocerla y saludarla en su camino;
'No es de extrañar', dijeron los nobles,
'Es más hermosa que el día'.

Y como resplandece la luna en cielos nublados,
Se mostraba ella con sus pobres harapos:
Elogiaba uno sus tobillos, otro sus ojos,
Otro sus oscuros cabellos y su aspecto adorable.
Y es que su dulce rostro, con la gracia de un ángel,
nunca había sido visto en aquella tierra:
Cophetua hizo un juramento:
'¡Esa mendiga será mi reina!'

-Alfred Tennyson-

5.12.16

Mi primer sermón

 John Everett Millais (1863)
Guildhall Art Gallery

'Los niños son aún el símbolo del matrimonio eterno entre el amor y el deber'.
-George Eliot-

Mi segundo sermón

john Everett Millais (1864)
Guildhall Art Galler

'En el arte como en el amor la ternura es lo que da la fuerza'.
-Oscar Wilde-

Rosalinda en el bosque

John Everett Millais (1870)
Walker Art Gallery

'Ningún ser humano, desde que el mundo comenzó, ha parecido nunca más arrebatador. Su forma combinaba en uno la fuerza de un hombre y la gracia de una mujer'.
-Orlando: una biografía, Virginia Woolf-

4.12.16

La devoción

Edmund Blair Leighton (1908)
Colección privada

¿Por qué el cielo se alza distante?
¿Por qué la tierra aparece lejana?
Ajena tiembla la estrella,
Brillando opaca, constante.

No me importa alcanzar la luna,
Un círculo de monótona sinfonía;
Repitiendo incansable la misma melodía,
Lejos de mi, de mi ternura.

Yo nunca contemplo el fuego disperso
De las estrellas, o del sol su ardiente sendero,
Todo mi corazón conjuga un solo deseo,
Un vano sentimiento reseco.

Pues atada yazgo bajo la trémula lanza,
Alegría, belleza, danzan lejos de mi alcance,
Comprimo mi corazón, estiro mi romance,
Y temblorosa acaricio la esperanza.

-De profundis, Christina Rossetti-

La fama

Edmund Blair Leighton (1853-1922)
Colección privada

'La gloria, en verdad, no es otra cosa que un olvido aplazado'.
-Santiago Ramón y Cajal-

2.12.16

Beata Beatrix

Dante Gabriel Rossetti (c.1864-1870)
Tate Britain

Donde los ríos sin sol lloran,
Derramando en el abismo sus olas,
Ella duerme un sueño encantado
Del que no despertará.
Guiada por una estrella errante,
Ella llegó de lejanos lugares,
Buscando sus placeres
Donde las sombras yacen.

Ella dejó la rosada mañana,
Ella dejó los campos de maíz
Por el frío crepúsculo
Y los lánguidos manantiales.
A través del sueño, como un velo,
Ella observa el pálido cielo,
Escuchando el canto aéreo
Del triste ruiseñor.

Descanso, descanso, un perfecto descanso
Cubre su frente y sus senos,
Su rostro se vuelve al oeste,
Hacia la Tierra Púrpura.
Ella no puede ver el grano,
Madurando en la colina y el llano,
Ella no puede sentir a la lluvia
Caer sobre su frágil mano.

Descansa, descansa por siempre
En las exuberantes orillas
Descansa hasta que el corazón calle,
Hasta que el núcleo del tiempo muera.
Duerme un sueño que el dolor
No puede perturbar,
La noche no será quebrada por la mañana,
Hasta que la alegría se apodere
De su paz completa.

-La Tierra de los Sueños, Christina Rossetti-

Las hijas de la niebla

Evelyn de Morgan (1905-1910)
De Morgan Centre

Tus fuertes brazos me rodean,
Mi cabello se enamora de tus hombros;
Lentas palabras de consuelo caen sobre mi,
Sin embargo mi corazón no tiene descanso.

Porque sólo una cosa trémula queda de mí,
Que jamás podrá ser algo,
Salvo un pájaro de alas rotas
Huyendo en vano de ti.

No puedo darte el amor
Que ya no es mío,
El amor que me golpeó y derribó
Sobre la nieve cegadora.

Sólo puedo darte un corazón herido
Y unos ojos agotados por el dolor,
Una boca perdida no puede sonreír,
Y tal vez ya nunca vuelva a reír.

Pero rodéame con tus brazos, amor,
Hasta que el sueño me arrebate;
Entonces déjame, no digas adiós,
Salvo si despierto, envuelta en llanto.

-Agotada, Elizabeth Siddal-

1.12.16

Autorretrato

John Maler Collier (1850-1934)
Plymouth Museum and Art Gallery 

'No se trata de pintar la vida, se trata de hacer viva la pintura'.
-Paul Cézanne-

La muerte de Cleopatra

John Maler Collier (1890)
Gallery Oldham

'¡Oh! ¡La copa de oro está rota!
¡El espíritu ha huido para siempre!
¡Que suenen las campanas! Un alma
santa flota sobre el río Estigia,
y tú, Guy de Vere, ¿no tienes lágrimas?.
¡Llora ahora, o nunca más!
¡Mira! Encima de ésta rígida y lúgubre
carroza, duerme tu amor!'.

-Fragmento de Lenore, Edgar Allan Poe-

30.11.16

Marie Spartali Stillman con uno de sus hijos

Fot. Julia Margaret Cameron (c.1875)

Madonna Pietra degli Scrovegni

Marie Spartali Stillman (1884)
Walker Art Gallery

Cuando sobre el pecho inclinas
la melancólica frente,
una azucena tronchada
me pareces.
Porque al darte la pureza,
de que es símbolo celeste,
como a ella te hizo Dios
de oro y nieve.

-Rima XIX, Gustavo Adolfo Bécquer-

El sentido de la vista

Annie Swynnerton (1895)
Walker Art Gallery

No encuentro paz, ni me conceden guerra;
De fuego devorado, sufro el frío;
Abrazo un mundo, y quédome vacío;
Me lanzo al cielo, y préndeme la tierra.

Ni libre soy, ni la prisión me encierra;
Veo sin luz, sin voz hablar ansío;
Temo sin esperar, sin placer río;
Nada me da valor, nada me aterra.

Busco el peligro cuando auxilio imploro;
Al sentirme morir me encuentro fuerte;
Valiente pienso ser, y débil lloro.

Juguete soy, con tan extraña suerte;
De una belleza, a quien ardiente adoro,
Que no quiere mi vida ni mi muerte.

-Imitación de Petrarca. Soneto, Gertrudis Gómez de Avellaneda-

29.11.16

Autorretrato

Arthur Hughes (1851)
National Portrait Gallery, Londres

Vuelta a casa desde el mar

Arthur Hughes (1862)
The Ashmolean Museum of Art and Archaeology

'Bajo el ancho y estrellado cielo
Cavad mi tumba y dejadme yacer allí:
feliz de haber vivido alegremente muero,
pero al caer os quiero hacer un ruego.

Este será el verso que grabaréis para mi:
Aquí yace, donde quería yacer;
Vuelve a casa el marinero, vuelve a casa desde el mar,
como desde el monte se vuelve de cazar'.

-Réquiem, Robert Louis Stevenson-

28.11.16

Dante Gabriel Rossetti (1828-1882)

William Holman Hunt (1853)
Birmingham Museums Trust

Proserpina

Dante Gabriel Rossetti (1881-1882)
Birmingham Museums Trust

Aquí, donde el mundo está en calma,
Aquí, donde toda tribulación es un
Tumulto de vientos muertos y olas agotadas,
En un dudoso sueño de sueños,
Veo crecer los campos verdes,
Entre sembradores y cosechadores,
Entre la cosecha y la siega,
Un mundo de arroyos perezosos.

Estoy cansado de risas y lágrimas,
Y de los hombres que lloran y ríen,
Del futuro del sembrador y su cosecha.
Estoy cansado de los días y las horas,
De trémulos capullos entre flores estériles,
De deseos y ensueños de gloria,
Y de todo, excepto el Sueño.

Aquí, la Vida es vecina de la Muerte,
Lejos del oído y la vista
Se afanan las olas pálidas y los húmedos vientos;
Giran los débiles barcos y los espíritus,
Vagan errando con la marea,
Sin saber hacia dónde se dirigen sus pasos.
Aquí, esos vientos no soplan,
Y aquí, no crecen esas cosas.

Aquí, no crecen hierbas ni malezas,
Flores de brezo o vides;
Sino estériles brotes de amapola,
Verdes racimos de Proserpina,
Blancas vasijas de ondulantes juncos.
Aquí nada florece o colorea,
Excepto esta flor,
De la que Ella extrae para los hombres
Un néctar mortal.

Aunque uno tuviese la fuerza de siete,
También conocerá la Muerte;
No despertará con alas en el Cielo,
Ni lamentará las penas del Infierno.
Aunque fuera hermoso como las rosas,
Su belleza se nublará y decaerá;
Y por más que en el Amor descanse,
Su fin no será bueno jamás.

Pálida, detrás de atrios y pórticos,
Coronada de tranquilas hojas,
Allí está quien recoge los frutos mortales,
Con sus manos blancas e inmortales;
Sus labios son más dulces
que los del Amor, que le temen;
Más dulces para esos hombres que se confunden,
Y llegan cansados de muchas épocas y tierras.

Ella cuida de uno y de otro,
Cuida de todos los mortales,
Y olvida la Tierra, su madre;
Y la vida de los frutos y los vegetales,
Y la primavera y los granos,
Y las golondrinas que se alejan y la siguen,
Allí dónde los cantos helados suenan en falso
Y las flores son despreciadas.

Allí van los amores marchitos,
Los viejos amores con sus alas cansadas;
Y todos los años muertos,
y todos los desastres;
Sueños deshechos de días olvidados,
Ciegos capullos que la nieve ha arrancado,
Hojas secas que el viento se ha llevado,
Rojos peregrinos de fuentes arruinadas.

No estamos seguros de la tristeza,
Y la alegría nunca fue segura;
El hoy morirá mañana,
Y el Tiempo no oye ningún llamado;
Y el Amor, débil e indolente,
Suspira con labios arrepentidos,
Llorando la brevedad de los amores
Con los ojos del Olvido.

Por excesivo amor a la vida,
Por la esperanza y el temor liberados,
Brevemente agradecemos a los dioses,
Sin importar quiénes sean,
Que la vida no sea eterna,
Que nunca los muertos se levanten,
Que hasta el río más perezoso
Llegue en sus giros al reposo del mar.

Porque entonces las estrellas no nos despertarán,
Ni el sol con sus resplandores de luz;
Ni el murmullo de las aguas inquietas,
Ningún sonido y ninguna visión,
Ni hojas estivales ni hojas invernales,
Ni días ni cosas diurnas;
Sólo un eterno sueño,
En una eterna noche.

-El jardín de Proserpina, Algernon Charles Swinburne-

21.11.16

Mañana de primavera, Haverstock Hill

George Clausen (1881)
Bury Art Museum

'Vida ciudadana: millones de seres viviendo juntos en soledad'.
-Henry David Thoreau-

La aldea de noche

George Clausen (1903)
Lotherton Hall, Leeds Museums and Galleries

'Muchos no creen en nada, pero temen a todo'.
-Friedrich Hebbel-

La joven de la puerta

George Clausen (1889)
Tate Britain

'Si cerráis la puerta a todos los errores, también la verdad se quedará fuera'.
-Rabindranath Tagore-

15.11.16

La princesa dormida

 John Duncan (1866-1945)
Perth & Kinross Council

'El príncipe nunca va a llegar, todo el mundo lo sabe y, 
además, quizá la bella durmiente esté muerta'.
-La Reina de los Condenados, Anne Rice-

La toma de Excálibur

John Duncan (1866-1945)
City of Edinburgh Council

'...recuerda cómo
En aquellos viejos tiempos, un mediodía de verano, un brazo
se alzó desde el fondo del lago,
vestido de seda brocada blanca, místico, maravilloso,
sosteniendo la espada - y cómo remé
Y la tomé, y me la llevé... como un rey'.
-La Muerte de Arturo, Alfred Tennyson-

11.11.16

Iglesia en ruinas en la noche

Martin ('Cynicus') Anderson (1854–1932)
St. Andrews Museum

'Hay noches muy largas, penas muy hondas y miradas muy oscuras, 
y no a todas debes temer'. 

Esperando a William

John George Brown (1879)
Chrysler Museum of Art

'No hay que ser pesimista ni tener esperanza'.
-Leonard Cohen-

10.11.16

El poeta favorito

John William Godward (1920)
Wigan Arts and Heritage Service
'Adoro los placeres sencillos; son el último refugio de los hombres complicados'.
-Oscar Wilde-

Una dama caminando hacia su casa

Julius Sergius von Klever (1887)
Colección privada

'Pero tengo promesas que cumplir,
y andar mucho camino sin dormir...'.
-Robert Frost-

6.11.16

La puerta de San Denís al anochecer, París

Eugène Galien-Laloue (c.1880-1920)
Colección privada

'Si tienes las suerte de haber vivido de joven en París, 
entonces durante el resto de tu vida ella estará contigo'.
-Ernest Hemingway-

Los grandes bulevares

Eugène Galien-Laloue (c.1910)
Williams & Son

'París responde a todo lo que el corazón desea. 
Uno puede divertirse, aburrirse, reír, llorar o hacer lo que se le antoje sin llamar la atención, 
puesto que miles de personas hacen otro tanto...y cada uno como quiere'.
-Frédéric Chopin-