27.6.15

George Gordon Noel Byron, 6º Baron Byron (1788-1824), poeta

Thomas Phillips (1813)
Government Art Collection

Retrato de Gustavo Adolfo Bécquer

Valeriano Domínguez Bécquer (1862)
Museo de Bellas Artes de Sevilla

El Bello Brummell

George Brummell, por John Cook, publicado por Richard Bentley
Grabado por artista desconocido, publicado en 1844
National Portrait Gallery, Londres

George Bryan Brummell (1778-1840) es sinónimo de elegancia, el padre del dandismo, del derroche, y quizá el ejemplo de las consecuencias de la caída en desgracia desde lo más alto. El origen de su familia es humilde, aunque su padre fue secretario de Lord North, primer ministro británico a finales del siglo XVIII. Debido a la labor profesional de su padre pudo estudiar en Eton, donde conoció al futuro Jorge IV, y en Oxford. Sus modos elegantes, su perfección en el vestir y su agudo ingenio rápidamente le hicieron famoso entre sus compañeros, y su amistad con el Príncipe de Gales le elevó a lo más selecto de la sociedad británica.

La primera vez que su vida se llevó al cine fue en 1924, en la década de 1890
Clyde Fitch había interpretado el papel de George Brummell en Broadway con gran éxito
 John Barrymore en 'Beau Brummel' dirigida por Harry Beaumont (1924)

Cuentan que diariamente se bañaba en leche, que sólo para anudarse el pañuelo al cuello tenía una colección de seguidores que le contemplaban entusiasmados, que enviaba su ropa a Francia para que fuese lavada y planchada, y que dedicaba nueve horas al día en componerse y acicalarse.
A pesar de haber heredado de su padre 30.000 libras murió arruinado, lo cual puede comprenderse vistas sus aficiones, dinero que principalmente gastó en comprar ropa, accesorios y en los tableros de juego. 

El Bello Brummell como Príncipe del Buen Gusto
Richard Dighton (1805) 

No solamente murió arruinado, también exiliado y dicen que loco debido a la sífilis. El inicio de su caída tiene un momento y un lugar: cuentan que el grupo más cercano de amigos de Jorge IV, tras la cena, estaba tomando un café. Probablemente el monarca tenía un mal día y no le gustó el tono de Brummel cuando le dijo: ‘Gales, llama a un criado’, ya que llamarlo lo llamó, para decirle que acompañase al señor Brummell a la salida. Sus amistades dejaron de invitarle, de seguirle, de adorarle, y debido a sus deudas y para evitar la cárcel huyó a Francia. A pesar de algunos intentos de ayuda por parte de sus antiguos amigos nombrándole cónsul de Caen nunca logró volver a llevar su anterior nivel de vida. Cuentan también que un sastre caritativo le arreglaba sus viejos trajes sin cobrarle nada. 
Pasó diez años en Calais tras haber pasado por la cárcel por no pagar sus deudas, como si estuviera siempre esperando a poder volver, pero aunque Jorge IV le hubiese perdonado sólo con un gesto era tan orgulloso que nunca lo hizo. Murió solo, sin interés ya por el vestir, ni por la limpieza, enloquecido, en 1840 en el asilo de caridad pública de Bon Saveur, en Caen.

Stewart Granger, protagonista en 'Beau Brummell' (1954) junto a Elizabeth Taylor
En España se estrenó bajo el título 'El árbitro de la elegancia', dirigida por Curtis Bernhardt

20.6.15

El lapislázuli en la joyería del siglo XIX

Joyería del siglo XIX con lapislázuli
Sel. Arte XIX
Fots. vía Pinterest


El lapislázuli nos remite a Egipto, a Babilonia, a máscaras funerarias inolvidables, escarabeos, oro y azul. Contemplarlo es abstraerse, verse situado bajo un inmenso cielo azul nocturno que está ahí desde el principio de los tiempos. 
Es una piedra semipreciosa muy valorada, en la que fácilmente puede tallarse cualquier tipo de motivo, con un hermoso brillo vítreo que, hasta su descubrimiento en Chile en el siglo XIX, se obtenía principalmente de los yacimientos de la actual Afganistán. En polvo se utilizaba para crear uno de los colores más caros de la Historia del Arte: el azul ultramar, que durante el Renacimiento superaba cuatro veces el precio del oro. Hasta el siglo XIX, cuando se descubrieron métodos químicos para reproducirlo, el lapislázuli fue fundamental para conseguir este color.
También podemos admirarlo en joyas del siglo XIX, preferentemente combinado con oro, en piezas perfectas para lucir en fiestas nocturnas, brillantes y espectaculares. Durante este siglo se recuperó para muchas joyas de estilo ‘revival’, reproduciendo piezas inspiradas en la joyería de la Antigüedad egipcia y romana básicamente.

Al principio del verano

William Trost Richards (1888)
Brooklyn Museum

La siesta de los patricios

Henryk Siemiradzki (1881)
Colección privada

Niños en un paisaje de verano

Johan Krouthén (1901)
Colección privada

Dos damas, Dieppe, 9 de septiembre de 1900

Louis Chesneau (1900)
Musée d'Art Moderne André Malraux

18.6.15

El peridoto en la joyería del siglo XIX

Peridotos en joyas del siglo XIX
Sel. Arte XIX
Fots. vía Pinterest

El peridoto, u olivina, es una piedra semipreciosa a la que parece que no se le presta demasiada atención, que no suena ni tiene tanta repercusión como otras. Al menos así era por mi parte hasta que me la descubrieron los amigos de De’Medici Bijoux. Ya sabéis que de cuando en cuando no está mal tener una experiencia mística, os hablamos de algunas y de esta absolutamente fantástica en el centro de Valladolid también, cuando entre múltiples brillos, colores y piedras, nos mostraron algunas piezas que llevaban peridotos engastados. Es una maravillosa piedra verde limón, aterciopelada, cuya presencia se queda para siempre en la memoria de tu retina.
Más tarde supe que los egipcios la llamaban ‘piedra del sol’, y que el yacimiento principal se hallaba en la Isla de Zeberget (actualmente Isla St. John), situada en el Mar Rojo. Desde la antigüedad se le otorgó un carácter místico y en la Edad Media fue una de las piedras semipreciosas más utilizadas para decorar objetos religiosos. 
En el siglo XIX el peridoto vive en joyas habitualmente de oro, que destacan su color y hacen refulgir su brillo verde-dorado con latidos de otros tiempos.

La Dama del Santo Grial

Dante Gabriel Rossetti (1874)
Colección privada

Vencido

Edmund Blair Leighton (1884)
Colección privada

Ciudad portuaria medieval

August von Siegen (1850-)
Colección privada

14.6.15

Galería de Bellezas del Palacio de Nymphenburg

Palacio de Nymphenburg, Canaletto (c. 1760)
National Gallery of Art, Washington D.C.

La construcción del Palacio de Nymphenburg (Munich, Alemania) se inicia en el siglo XVII y se amplía en el XVIII. El palacio, de estilo barroco, fue residencia de los gobernantes de Baviera, y residencia principal de sus monarcas cuando el estado se convirtió en reino (1806-1918).

Palacio de Nymphenburg en invierno
Fot. Bbb-Commons (2010)

En este palacio Luis I de Baviera decide abrir una sala con una ‘Galería de Bellezas’. No es una idea original ya que tiene varios precedentes. Destina a este fin un comedor del pabellón sur que había formado anteriormente parte de las habitaciones de la reina, y encarga la misión de pintar los retratos a Joseph Stieler, retratista de la corte bávara. La sala se decora con treinta y seis retratos, la mayor parte son de su autoría, en las que puede admirarse la belleza de nobles, plebeyas, aventureras, actrices o bailarinas, entre otras. Son obras de entre 1827 y 1850, añadiéndose en 1861 dos retratos más.

Galería de Bellezas
Fot. tripadvisor.com

Los más conocidos son los de Helena Sedlmayr, la hija de un zapatero, Amalie von Schintling, Nanette Kaula o la bailarina Lola Montez. Muchas fueron amantes del rey, otras  miembros de la familia real, cortesanas, todas mujeres de hermosura destacable. Con el retrato de Auguste Strobl, para el que se ejecutaron dos versiones, se abre la serie en 1827, una mujer de clase media que enamoró absolutamente a Luis I. En los dos años siguientes se añaden ocho retratos más que resultan ser de los más famosos de la Galería: el de Antonietta Cornelia Vetterlein, Nanette Kaula o Amalie von Schintling entre otros, y así se van sumando diferentes retratos femeninos hasta la década de 1860.

Auguste Strobl (detalle), Joseph Stieler (1827)
Galería de Bellezas del Palacio de Nymphenburg
Fot. Getty Images
Amalie von Schintling (detalle), Joseph Stieler (1828)
Galería de Bellezas del Palacio de Nymphenburg
Fot. Getty Images
Nanette Kaula (detalle), Joseph Stieler (1829)
Galería de Bellezas del Palacio de Nymphenburg
Fot. Getty Images
Anna Hillmayer (detalle), Joseph Stieler (1829)
Galería de Bellezas del Palacio Nymphenburg
Fot. Getty Images

Ante la dificultad de localizar toda la serie de retratos, os la dejaremos lo más completa que permite la calidad disponible en los álbumes ‘Galería de Bellezas del Palacio de Nymphenburg' en nuestra página de Facebook, optamos por presentaros en el blog los detalles de una selección, que hemos podido obtener de la página de Getty Images.