31.10.14

Samain, antes que Halloween II

Mother Pumpkin
Por Radojavor en devianART

Vamos con la segunda parte, ¿cómo se crea la tradición y cuáles son los motivos?:

Texto A. OSCOS, colaboradora habitual de la web IREGUA y aficionada a la mitología celta | ¿Quién es Jack, el de la linterna? ¿Porqué se disfraza la gente? ¿porqué los niños piden dulces? ¿Hasta qué punto los emigrantes de diferentes países han contribuido a “amalgamar” sus tradiciones en la noche de difuntos? 
Según reza una antigua leyenda irlandesa, “Jack of the lantern” era un hombre bastante malvado aunque no lo suficiente, pues logró burlar al mismísimo diablo. Al morir se le negó la entrada, no sólo en el cielo, sino también en el infierno, de donde lo único que obtuvo fue un carbón ardiendo que le arrojó el señor de los avernos. Jack, entonces, vació un nabo (convertido en calabaza en Estados Unidos) y metió dentro la tea, quedando condenado por toda la eternidad a vagar por oscuros caminos alumbrándose con su peculiar linterna.
Algunos estudiosos del tema celta creen que la calabaza pudiera representar la costumbre de estos pueblos de cortar la cabeza a sus enemigos pues creían que era la esencia de la persona y que ésta contaba con poderes sobrenaturales. Sin embargo esta teoría no es muy aceptada en general y hay otra parte de expertos en tradiciones celtas que señalan que el ancestral rito no tiene nada que ver con la famosa calabaza luminosa norteamericana. 
Respecto a disfrazarse y los disfraces propios de esta noche, se cree que el origen de esta tradición se encuentra en Francia. Surgió entre los siglos XIV y XV, tiempo en que la peste bubónica, más conocida como “muerte negra” hizo estragos en la población europea. Las misas de difuntos se multiplicaban y nacieron representaciones artísticas que recordaban al ser humano cuan frágil es y que, como a todo ser vivo, más tarde o más temprano le visita la señora de la guadaña. Conocidas como “danzas de la muerte”, terminaron convirtiéndose en auténticas fiestas de disfraces, con la muerte como denominador común.
Finalmente a la demanda de “dulce o travesura (trick or treat)” que hacen los niños al llamar a las casas disfrazados de espectros se basa, al parecer, en una fiesta burlona que se celebraba en Inglaterra llamada “Día de Guy Fawkes”. En ella grupos de protestantes, ocultos bajo disfraces, visitaban a los católicos y les exigían cerveza y pasteles bajo la amenaza de “trick or treat”, osea, “dulce o travesura”. La fiesta llegó a Norteamérica con los primeros colonos y terminó incorporada a la celebración de Halloween.

Las brujas

Francisco de Goya (1797-1798)
Museo Lázaro Galdiano, Madrid

Bruja con gato

Paul Ranson (c. 1899)
 Colección privada

Convención de brujas

William Holbrook Beard (1876)
Colección privada

30.10.14

Samain, antes que Halloween I

Postal de Halloween
gravesandghouls.tumblr.com

Con motivo de las festividades de estos días relacionadas con el mundo de los muertos, de gran tradición en Europa, queremos compartir con vosotros un gran artículo publicado recientemente por Iregua y autorizados amablemente por los mismos para hacerlo. 
Lo presentaremos en cuatro partes para facilitar su lectura, ¡que lo disfrutéis!

Texto A. OSCOS, colaboradora habitual de la web IREGUA y aficionada a la mitología celta | Un año más las tiendas de disfraces en distintos puntos de España (por no citar igualmente otros países europeos) se pueblan de calabazas, calaveras, guadañas de plástico, máscaras de brujas y fantasmas de blancas sábanas y ruidosas cadenas al llegar el 1 de noviembre, con ocasión de la noche de difuntos o, bien, el día de todos los Santos. Importada de Estados Unidos, pocos saben que la raíz de esta celebración se encuentra en una fiesta eminentemente europea y más conocida, aún, en los países de tradición celta: Samain o Samhuin. Y es que, mientras las nuevas generaciones disfrutan del aspecto más lúdico de la fiesta norteamericana, con su parte cargada de evidente componenda comercial, otros creen que la preeminencia de estos fastos está provocando el olvido de otras tradiciones propias de los lugares, en esa fecha.
Pero no Halloween se llamó siempre Halloween, ni la idea de la calabaza iluminada o la petición de alimentos por las casas en tal noche es exclusiva de Estados Unidos. Al parecer, la vigilia vespertina anterior a la fiesta de Todos los Santos se tradujo al inglés como “All hallow’s even” (vigilia de Todos los Santos) y que, con diferentes pronunciaciones, fue derivando al nombre con el que se conoce hoy. La base de esta celebración se encuentra en la tradición irlandesa del Samain, o celebración del cambio de estación, con la entrada del invierno. En sus orígenes fue un rito pastoril antes que agrario, con el regreso de los rebaños al establo. Igualmente era tiempo de encuentro con el espíritu de sus difuntos.- en el contexto de sus ritos mitológicos-, y se representaban las ánimas con un nabo grande en cuyo interior, vaciado, se ponía una vela encendida. En Estados Unidos los irlandeses que allí había emigrado cambiaron el nabo por una calabaza y conservó su nombre “Jack-o’-lantern” (Jack, el de la linterna).
Esta fiesta también está presente, con sus variaciones, en Bretaña y en Escocia. Por ejemplo se cuenta que en Bretaña, y durante la noche de difuntos, no se debe llevar el carruaje por la parte lateral del camino pues se corre el riesgo de molestar a los muertos que regresan, por una noche, al dominio de los vivos. En Irlanda, por su parte, encendían un fuego en el centro del poblado y a él acudían las gentes del lugar a coger una tea encendida para ponerla en sus hogares. El Samain o Samhuin, que allí duraba tres días, recordaba a los irlandeses la llegada de los fríos y era la primera noche del año nuevo que se dedicaba al Dis Pater, Dagda, en demanda de fertilidad y de abundancia. (En el capítulo de mitología dedica a esta fiesta, en Iregua, se alude a su unión con Morrigane en esa noche).
Por su parte Jean Markale, en su libro “El cristianismo celta” recuerda que en la Escocia presbiteriana, Halloween es “la ocasión para multiplicar bromas y chanzas poco compatibles con el rigorismo religioso allí habitual”.

Postal de Halloween
gravesandghouls.tumblr.com

Teodoro se encuentra en el bosque con el espíritu de su ancestro Guido Cavalcanti

Johann Heinrich Füssli (c. 1783)
The National Museum of Western Art, Tokio

Una historia de fantasmas

Walter MacEwen (1887)
Cleveland Museum of Art

21.10.14

Sobre experiencias místicas y Burne-Jones

Fot. Simon K, Flickr

TEXTO ARTE XIX | IMÁGENES SIMON K (FLICKR) | ¿No os pasa a veces que de repente se os despierta un recuerdo en la memoria? ¿que de repente vas hilando una cosa con otra, una sensación con otra, y reconstruyes un momento del pasado perfecta y exactamente?
Me vestía una chaqueta de punto de color rojo que hacía tiempo no me ponía y ¡bum! ese color hizo ese efecto mágico: unas vidrieras maravillosas de color rojo sangre que pude ver una vez.

Corría el año 2002 y pasaba una temporada en la inglesa Birmingham. Paseos por parques, canales, cementerios... y acerquémonos a la catedral que está aquí al lado: St. Philip.

Cuando llegué, día nebuloso como suele suceder, estaba acabando el servicio religioso y claro, a los extranjeros católicos y cinéfilos nos encanta ver que el reverendo sale a la puerta para saludar a sus feligreses. Entrando, a la vez que salía el personal y se paraba tranquilamente a responder al saludo, sonaba en el órgano de la catedral 'The Entertainer'. Aquí con el 'Cumbayá', 'Señor me has mirado a los ojos', y otras melodías del mismo tipo, además de algún soberano atentado contra los derechos de autor, tenemos bastante. ¡'The Entertainer'!, ojos y oídos como platos.

Avanzo tranquilamente. El reverendo me ha visto entrar pero sigue con lo suyo y sólo sonríe sin decirme nada. Camino hacia el ábside, donde como buena súper fan del prerrafaelismo, y en especial del insigne hijo de la ciudad, Edward Burne-Jones, sé yo de buena tinta que hay unas vidrieras que él diseñó. Y tan buena tinta, y tan roja.

Fot. Simon K, Flickr

Cuando llegué frente al altar, la bondad divina, la de San Ruskin, o la de quien quiera que sean los dioses que diría Swinburne, hizo el milagro. El cerrado, gris y nublado día inglés dió a luz, esto es, que se abrieron las nubes por un momento, brilló el sol con toda la fuerza de la que era capaz, y mi mente, mi corazón, mi vida y toda yo se inundaron de un rojo sangre maravilloso que procedía de túnicas, estandartes, alas angelicales y halos benditos. Sólo apetecía ya arrodillarse y recibir la señal que los dioses te quisieran enviar. Sentí la voz, una voz, me hablaba en inglés, así que Dios no sería porque sabría bien en qué idioma tendría que hablarme para que le comprendiera a la perfección, inglés no, sólo faltaba que para una vez que me hablaba me perdiera algo...

El reverendo se había acercado a decir 'hola, qué tal', preguntar de dónde provenía mi persona, qué me había llevado allí aunque estoy segura de que lo sabía por mi expresión contemplativa. Preguntaba, escuchaba, asentía, y me explicó un montón de cosas de las que sólo recuerdo una: que durante la II Guerra Mundial, en previsión de los bombardeos que caerían sobre Birmingham, y cayeron (en el Jewellery Quarter los relojeros fabricaban piezas para los famosos Spitfire), los vecinos de la zona fueron desmontando las vidrieras prerrafaelitas y llevándose trocitos a sus casas para que no se destrozaran. Cuando acabó la guerra cada uno de esos trocitos volvió a su lugar. Gracias a esos vecinos cualquiera puede sentir, hoy, que Dios le habla. Directamente al corazón.

Fot. Simon K, Flickr

La catedral anglicana de St. Philip fue construida entre 1709 y 1725 por Thomas Archer. Se amplió en 1883-84 por J.A. Chatwin, momento en el que se añadieron las vidrieras de Edward Burne-Jones. 

El chelista

Thomas Eakins (1896)
Pennsylvania Academy of the Fine Arts

El violinista en la ventana

Otto Scholderer (1861)

La lección de piano

Edmund Blair Leighton (1896)
Colección privada

Después del concierto

Frederic Soulacroix (1825-1879)
Colección privada

El esqueleto Rouchomovsky

Israel Rouchomovsky (Esqueleto 1892-1896; Sarcófago 1896-1906)
Fot. © Sotheby's

Esqueleto articulado en oro (9 cm.), en sarcófago de plata dorada (11, 2 cm.) forrado de terciopelo.
El sarcófago presenta varios paneles con el curso de la vida, en un extremo con los atributos de las artes, el otro con los atributos de la guerra, la tapa es extraíble. 
En la tapa varios humanos siguen al Ángel de la Muerte, rodeado de rostros de niños alternativamente riendo y llorando.

Fot. © Sotheby's

10.10.14

La Emperatriz Isabel de Austria

Franz Xavier Winterhalter (1865)

Narraciones

Por Maksim Gorki
Publicado por Alba Editorial (2014)
504 páginas
27 €

La publicación a principios de la década de 1890 de los primeros relatos de Maksim Gorki revelaron a un autor insólito en las letras rusas: no sólo conocía con profundidad las leyendas populares y se movía con desenvoltura en la tradición de la narración oral, sino que había recorrido el inmenso mundo de las estepas, de las orillas del Volga, de las tierras del Cáucaso y Crimea, y convivido con una legión de vagabundos, mendigos, soldados, delincuentes, prostitutas y pillos que hasta entonces nadie había reclamado con tanta veracidad para la literatura. Los proscritos, los desheredados, los «exhombres» (como se titula uno de sus más célebres relatos) tomaron por sorpresa la escena literaria, y sus vidas atribuladas, sus pasiones toscas y su dignidad perdida se colaron en las tramas, cada vez más adormecidas, del realismo. Chéjov y Tolstói no tardaron en declarar su admiración, y a principios del siglo XX Gorki era ya, junto a ellos, el escritor más popular de su tiempo. Este volumen de Narraciones reúne veinte de sus mejores piezas, en una selección amplia y representativa con nuevas traducciones de Fernando Otero y José Ignacio López Fernández.
Texto por la editorial

El Puente de los Suspiros

Antonietta Brandeis (1849-1910)

El Ponte Vecchio, Florencia

Antonietta Brandeis (1849-1910)
 Colección privada

9.10.14

Por fin, Poe ha vuelto

Fot. The Daily Star
Por fin, os lo anunciábamos hace unos meses, pero Poe ha vuelto a Boston de mano de la artista Stefanie Rocknak, por si nos faltaban motivos para visitar esta hermosa ciudad. Prevemos que en breve será una de las imágenes más típicas de Boston... ¡Fantástica!

Noticia en Arte XIX, te enseñamos los diseños originales
Noticia de la inauguración en The Daily Star

La capilla del bosque

Carl Friedrich Lessing (1839)
Alte Nationalgalerie - Staatliche Museen zu Berlin

3.10.14

Worn Out, Lizzie Siddal

Beata Beatrix, Dante Gabriel Rossetti (c. 1864)
Tate Britain

Worn out, by Lizzie Siddal
Thy strong arms are around me, love
My head is on thy breast;
Low words of comfort come from thee
Yet my soul has no rest.

For I am but a startled thing
Nor can I ever be
Aught save a bird whose broken wing
Must fly away from thee.

I cannot give to thee the love
I gave so long ago,
The love that turned and struck me down
Amid the blinding snow.

I can but give a failing heart
And weary eyes of pain,
A faded mouth that cannot smile
And may not laugh again.

Yet keep thine arms around me, love,
Until I fall to sleep;
Then leave me, saying no goodbye
Lest I might wake, and weep.

1.10.14

Rossetti lamentando la muerte de su wombat

Dante Gabriel Rossetti (1869)
The British Museum

A Rossetti le entusiasmaban los animales exóticos y comenzó a recogerlos después de la trágica muerte de su esposa Elizabeth Siddal en 1862. Su casa, el 16 de Cheyne Walk, en Chelsea, tenía un gran jardín que pronto se convirtió en un pequeño zoológico para disgusto de sus vecinos: dos wombats, búhos, canguros, wallabies, un venado, armadillos, loros, pavos reales, un mapache, una marmota, una salamandra, dos burros, un cebú y un pequeño toro. Llegó incluso a iniciar la gestión de compra de un elefante africano que finalmente no llegó a realizarse. 

Amaba a los wombats especialmente, escribió a su hermano indicándole cuando llegó el primero que era 'una alegría, un triunfo, una delicia, una locura'. Desde luego Rossetti era especial en muchos aspectos.

Octubre

Jules Bastien-Lepage (1878)

Paisaje con un arroyo

Carl Frederik Peder Aagaard (1872)
Colección privada