30.10.14

Samain, antes que Halloween I

Postal de Halloween
gravesandghouls.tumblr.com

Con motivo de las festividades de estos días relacionadas con el mundo de los muertos, de gran tradición en Europa, queremos compartir con vosotros un gran artículo publicado recientemente por Iregua y autorizados amablemente por los mismos para hacerlo. 
Lo presentaremos en cuatro partes para facilitar su lectura, ¡que lo disfrutéis!

Texto A. OSCOS, colaboradora habitual de la web IREGUA y aficionada a la mitología celta | Un año más las tiendas de disfraces en distintos puntos de España (por no citar igualmente otros países europeos) se pueblan de calabazas, calaveras, guadañas de plástico, máscaras de brujas y fantasmas de blancas sábanas y ruidosas cadenas al llegar el 1 de noviembre, con ocasión de la noche de difuntos o, bien, el día de todos los Santos. Importada de Estados Unidos, pocos saben que la raíz de esta celebración se encuentra en una fiesta eminentemente europea y más conocida, aún, en los países de tradición celta: Samain o Samhuin. Y es que, mientras las nuevas generaciones disfrutan del aspecto más lúdico de la fiesta norteamericana, con su parte cargada de evidente componenda comercial, otros creen que la preeminencia de estos fastos está provocando el olvido de otras tradiciones propias de los lugares, en esa fecha.
Pero no Halloween se llamó siempre Halloween, ni la idea de la calabaza iluminada o la petición de alimentos por las casas en tal noche es exclusiva de Estados Unidos. Al parecer, la vigilia vespertina anterior a la fiesta de Todos los Santos se tradujo al inglés como “All hallow’s even” (vigilia de Todos los Santos) y que, con diferentes pronunciaciones, fue derivando al nombre con el que se conoce hoy. La base de esta celebración se encuentra en la tradición irlandesa del Samain, o celebración del cambio de estación, con la entrada del invierno. En sus orígenes fue un rito pastoril antes que agrario, con el regreso de los rebaños al establo. Igualmente era tiempo de encuentro con el espíritu de sus difuntos.- en el contexto de sus ritos mitológicos-, y se representaban las ánimas con un nabo grande en cuyo interior, vaciado, se ponía una vela encendida. En Estados Unidos los irlandeses que allí había emigrado cambiaron el nabo por una calabaza y conservó su nombre “Jack-o’-lantern” (Jack, el de la linterna).
Esta fiesta también está presente, con sus variaciones, en Bretaña y en Escocia. Por ejemplo se cuenta que en Bretaña, y durante la noche de difuntos, no se debe llevar el carruaje por la parte lateral del camino pues se corre el riesgo de molestar a los muertos que regresan, por una noche, al dominio de los vivos. En Irlanda, por su parte, encendían un fuego en el centro del poblado y a él acudían las gentes del lugar a coger una tea encendida para ponerla en sus hogares. El Samain o Samhuin, que allí duraba tres días, recordaba a los irlandeses la llegada de los fríos y era la primera noche del año nuevo que se dedicaba al Dis Pater, Dagda, en demanda de fertilidad y de abundancia. (En el capítulo de mitología dedica a esta fiesta, en Iregua, se alude a su unión con Morrigane en esa noche).
Por su parte Jean Markale, en su libro “El cristianismo celta” recuerda que en la Escocia presbiteriana, Halloween es “la ocasión para multiplicar bromas y chanzas poco compatibles con el rigorismo religioso allí habitual”.

Postal de Halloween
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