29.3.15

Visita al Cementerio Sacramental de San Isidro (II)

Continuamos con el Cementerio de San Isidro. Hoy Cristina Runewald nos habla de sus impresiones sobre un par de enterramientos: uno decididamente maravilloso y espectacular, el otro humilde pero con una gran historia detrás. Allá vamos...

Ángel del Panteón de Gandara, esculpido en mármol de Carrara
Giulio Monteverde (1883)

TEXTO E IMÁGENES CRISTINA RUNEWALD | Es imposible describir la sensación que se siente al entrar en el Panteón de Gandara, dedicado a una niña de siete años. La precisión con la que está tallado el ángel pone el vello como escarpias, es completamente andrógino, visto de frente parece una mujer y de espaldas, un hombre. Tiene tantos detalles: las plumas completamente realistas, cutículas en las uñas...

Ángel del Panteón de Gandara
Vista de las alas, con unas plumas tratadas con asombroso detalle

De toda la visita guiada al Cementerio de San Isidro, ésta ha sido tal vez la historia que más me ha impresionado. No es ni muchísimo menos la lápida más bonita, pero sí la historia de quien la habita.
La Duquesa de Santoña vivió una vida dura. Todos sus seres queridos murieron: madre, maridos e hijo. Aun así, siempre fue generosa. En la gran epidemia de cólera de Madrid repartió comida, mantas y abrigos a los pobres y colaboró personalmente. Cuando se casó por segunda vez toda la fortuna que tenía su marido la puso a disposición de los pobres; creó también el primer hospital de pediatría de España, el del Niño Jesús, y fue quien instauró el sorteo del Niño del 5 de enero.
 Una hija natural de su marido la arruinó completamente cuando éste murió, teniendo que abandonar su hospital infantil. Se dice que incluso en los últimos días de su vida acabó mendigando por las calles de Madrid, ¿por qué siempre la gente más buena es la más desgraciada?

Lápida en el nicho de la Duquesa de Santoña

Joven junto al mar

Edward Opie (1856)
Plymouth City Council- Museum and Art Gallery

Lesbia

John Reinhard Weguelin (1878)

28.3.15

Visita al Cementerio Sacramental de San Isidro (I)

El Sacramental de San Isidro, un cementerio llamado así de forma abreviada, es un cementerio abierto tras la ermita de San Isidro Labrador en Madrid en 1811. En sus inicios sirvió para dar sepultura a los cofrades de la Archicofradía Sacramental de San Pedro, San Andrés, San Isidro y de la Purísima Concepción. En la actualidad es un cementerio histórico y monumental que organiza visitas, con diferentes rutas, para deleite de los amantes del arte. Hemos pedido a algunas amigas que nos envíen por escrito sus impresiones acerca de una de estas visitas, que también nos han acompañado de preciosas imágenes, y nos lo han contado tal que así... 


TEXTO E IMÁGENES NURIA GARCÍA B. | Mi visita al Cementerio de San Isidro se realizó el sábado 21 de Enero de 2015 y me encantó. La guía es fantástica: Nos ilustró con sus conocimientos, recorriendo las tumbas y panteones de algunos ilustres que yacen en el que es el cementerio más antiguo de Madrid.
Nos explicaron que no podíamos dejar de lado los nichos, que también tienen mucho que contar y nos relataron que antiguamente la gente que tenía más posibles era enterrada en nichos, cuanto más altos mejor para estar lejos del suelo, donde eran enterrados los menos afortunados, muchos de ellos incluso en fosas comunes. Entre otras curiosidades nos hablaron de los búhos, presentes en muchas tumbas por su visión en la oscuridad y su significado místico y espiritual. 

Los trabajos artísticos funerarios presentan maravillosas alusiones a la Muerte a través de animales, plantas, y otros símbolos que se identifican con ella

Con la visita se tienen varios privilegios, entre ellos el poder entrar en un panteón que se está reformando. Otro de esos privilegios es el de poder hacer fotografías en su interior, ya que sólo está permitido con autorización del cementerio o, como fue el caso, la autorización que daba la propia visita. Se nos pidió que borráramos los nombres que se vieran en las tumbas, si íbamos a publicar las fotos, por respeto a las familias.

Impacto de bala sobre una lápida funeraria

Es un cementerio donde se puede ver la huella de la Guerra Civil, al haber sido frente de batalla. 
Aunque tuvimos que caminar entre algunos tablones y hubiera alguna que otra máquina de trabajo, es agradable ver que se está trabajando en el cementerio y no va a caer en el olvido. Pude disfrutar de verdaderas obras de arte en un día ideal, nublado pero no frío, amenazando con llover pero sin llegar a hacerlo, tan solo unas pequeñas gotas al final de la visita. Espero poder volver y recorrerlo con más tiempo.





25.3.15

La Princesa Tarakanova

Konstantin Flavistsky (1864)

La Princesa Tarakanova (c. 1745-1775) se presentó en París, diez años después de la muerte de la Zarina Isabel I Petrovna, como hija suya y legítima heredera al trono de Rusia. Su nombre real no se conoce, pero recorrió diferentes ciudades europeas con sus pretensiones dinásticas y como amante del conde Philipp Ferdinand de Limburgo Stirum.
En Livorno fue seducida por Alexei Grigoryevich Orlov, enviado por la emperatriz Catalina II para capturarla, y la convenció para casarse con él. Ella aceptó y subió a bordo del barco que él le tenía preparado, un barco ruso que la llevó a San Petersburgo. Fue encarcelada en la fortaleza de San Pedro y San Pablo, situada en una isla en el río Neva, y ese mismo año murió, prisionera, de tuberculosis. 
Varias leyendas envuelven su vida y su muerte, como sucedió con supuestas herederas al mismo trono tras el asesinato a principios del siglo XX de la familia del Zar. Mientras algunas apuntan a que murió durante una inundación por la subida de las aguas del Neva en su celda (leyenda que representa Flavitsky en su pintura), otras cuentan que fue obligada a ingresar en una orden religiosa con el nombre de Dosifea, muriendo en el Convento de San Juan Bautista en 1810.
Os recomendamos encarecidamente la novela escrita sobre este personaje en el siglo XIX por G. P. Danilevsky, editada recientemente por los amigos de dÉpoca Editorial.

Ninfas y Sátiro

William-Adolphe Bouguereau (1873)
Sterling and Francine Clark Institute, Williamstown

24.3.15

El agua del Nilo

Frederick Goodall (1893)
Manchester City Galleries

Un entierro en Ornans

Gustave Courbet (1849-1850)
Musée d'Orsay

Esta obra de grandes dimensiones (3,1 x 6,6 m) supone uno de los hitos de la Historia del Arte. Representa el funeral real de un tío abuelo del pintor en 1848 en su tierra natal, y según Courbet sus modelos fueron los vecinos que participaron en el mismo. Esta enorme pintura realista supone el abandono de las ideas románticas, y el empleo de un gran lienzo para pintar una situación cotidiana y no una obra de tema histórico o religioso, como sucedía hasta el momento.
Se expuso en el Salón de París de 1850-1851 y dio a Gustave Courbet fama instantánea, con críticas apasionadas a su favor y feroces en su contra.

20.3.15

Arte XIX ya es Ministérico oficial



¿Conocéis la serie de TVE 'El Ministerio del Tiempo'? ¿La seguís? Porque en Arte XIX ya somos Ministéricos oficiales, y participamos activamente en las redes sociales para que renueven para una segunda temporada. 
Por ahora seguimos disfrutando de la primera, todos los lunes a las 22:00, y siempre repetimos el capítulo a través de TVE a la Carta.

¡Absolutamente recomendada!

Interiores del Palacio de Invierno. La Rotonda

Yefim Tukharinov (1834)
Museo del Hermitage

19.3.15

Cordelia confortando a su padre, el Rey Lear, en prisión

George William Joy (1886)
Leeds Art Gallery
¡Feliz Día del Padre!

Caras y raras eran las joyas que llevaba

Margaret Deborah Cookesley (1844-1927)
Cartwright Hall Art Gallery

RICH and rare were the gems she wore,
And a bright gold ring on her wand she bore;
But, O, her beauty was far beyond
Her sparkling gems or snow-white wand.

“Lady! dost thou not fear to stray,         
So lone and lovely, through this bleak way?
Are Erin’s sons so good or so cold
As not to be tempted by woman or gold?”

“Sir Knight! I feel not the least alarm,
No son of Erin will offer me harm;         
For though they love woman and golden store,
Sir Knight! they love honor and virtue more!”

On she went, and her maiden smile
In safety lighted her round the green isle;
And blest forever is she who relied         
Upon Erin’s honor and Erin’s pride!

Introductorio, Rich and Rare Were the Gems She Wore, por Thomas Moore (1779–1852).
Poems of Places: An Anthology in 31 Volumes, Ireland: Vol. V.  1876–79, editado por Wadsworth Longfellow.

15.3.15

Guárdate de los Idus (IV)

La muerte de César, Jean-Léon Gérôme (c. 1867)
Walters Art Museum

Cuando le vieron muerto, huyeron todos, quedando por algún tiempo tendido en el suelo, hasta que al fin tres esclavos le llevaron a su casa en una litera, de la que pendía uno de sus brazos. Según testimonio del médico Antiscio, entre todas sus heridas sólo era mortal la segunda que había recibido en el pecho. Los conjurados querían arrastrar su cadáver al Tíber, adjudicar sus bienes al Estado y anular sus disposiciones; pero el temor que les infundieron el cónsul Marco Antonio y Lépido, jefe de la caballería, les hizo renunciar a su designio.

Los doce Césares, Suetonio. LXXXII.

Guárdate de los Idus (III)

La muerte de Julio César, Vincenzo Camuccini (1798)
Glasgow Museums

Viendo entonces puñales levantados por todas partes, se envolvió la cabeza en la toga y se bajó con la mano izquierda los paños sobre las piernas, a fin de caer más noblemente, manteniendo oculta la parte inferior del cuerpo. Recibió veintitrés heridas, y sólo a la primera lanzó un gemido, sin pronunciar ni una palabra. Sin embargo, algunos escritores refieren que viendo avanzar contra él a M. Bruto, le dijo en lengua griega: ¡Tú también, hijo mío!

Los doce Césares, Suetonio. LXXXII.

Guárdate de los Idus (II)

La muerte de César, Carl Theodor von Piloty (1865)

En cuanto se sentó, le rodearon los conspiradores con pretexto de saludarle; en el acto Cimber Telio, que se había encargado de comenzar, se le acercó como para dirigirle un ruego; mas negándose a escucharle e indicando con el gesto que dejara su petición para otro momento, le cogió de la toga por ambos hombros, y mientras exclamaba César: Esto es violencia, uno de los Casca, que se encontraba a su espalda, lo hirió algo más abajo de la garganta. Le cogió César el brazo, se lo atravesó con el punzón y quiso levantarse, pero un nuevo golpe le detuvo.

Los doce Césares, Suetonio. LXXXII.

Guárdate de los Idus (I)

Los Idus de marzo,  Edward John Poynter (1883)
Manchester City Art Galleries

Prodigios evidentes anunciaron a César su próximo fin. Escasos meses antes, los colonos a quienes la ley Julia había otorgado terrenos en la Campania, para construir casas de campo, destruyeron antiquísimos sepulcros, y con tanto más afán cuanto que en las excavaciones que hacían solían encontrar vasos de labores antiguas. En un sepulcro que guardaba, según decían, los restos de Capys, fundador de Capua, encontraron una plancha de bronce que conservaba en caracteres y palabras griegas la siguiente inscripción: Cuando se descubran las cenizas de Capys, un descendiente de Iulo perecerá a manos de sus deudos, pero no tardará en ser vengado por las desgracias de Italia y para que no se crea que esto es fábula inventada a capricho, citaré en mi apoyo a Cornelio Balbo, intimo amigo de César. Pocas fechas antes de su muerte supo que los caballos consagrados por él a los dioses antes de pasar el Rubicón, y que habían dejado vagar sin amo, se negaban a comer y lloraban; por su parte, el arúspice Spurinna le advirtió, durante un sacrificio, que se guardase del peligro que le amenazaba para los idus de marzo. La víspera de estos mismos idus, habiendo penetrado en la sala del Senado, llamada de Pompeyo, aves de diferentes clases, salidas de un bosque vecino, se lanzaron sobre un reyezuelo con una rama de laurel en el pico y lo despedazaron. Por último, la noche que precedió al día de su muerte, creyó en sueños que se remontaba sobre las nubes y ponía su mano en la de Júpiter; y a su vez su esposa Calpurnia soñó que se desplomaba el techo de su casa y que mataban a su esposo en sus brazos, mientras las puertas de su habitación se abrían violentamente por sí mismas. Todos estos presagios y el mal estado de su salud le hicieron vacilar por largo tiempo acerca de si permanecería en su casa aplazando para el día siguiente lo que había propuesto al Senado; pero exhortado por Décimo Bruto a no hacer aguardar inútilmente a los senadores que estaban reunidos desde temprano salió de casa hacia la hora quinta. En el camino un desconocido le presentó un escrito en el que le revelaba la conjuración; César le cogió y lo unió a los demás que llevaba en la mano izquierda con la intención de leerlos luego. Las víctimas que se inmolaron en seguida dieron presagios desfavorables; pero, dominando sus escrúpulos religiosos, entró en el Senado y dijo burlándose a Spurinna que eran falsas sus predicciones porque habían llegado los idus de marzo sin traer ninguna desgracia, a lo que éste le contestó que hablan llegado, pero no habían aún pasado.

Los doce Césares, Suetonio. LXXXI.

14.3.15

Ángel caído

Alexandre Cabanel (1847)
Musée Fabre, Montpellier

Más allá del corsé. La mujer del siglo XIX a través de la revista 'La moda elegante'

Explicaciones sobre la moda y la mujer ante
un ejemplar de 'La moda elegante'

TEXTO E IMÁGENES MARÍA JOSÉ TENORIO RAMÓN | Ayer tuve la gran suerte de poder asistir a la visita temática "Más allá del corsé. La mujer del siglo XIX a través de la revista La moda elegante" en el Museo del Romanticismo (Madrid), dirigida por Carmen Cabrejas, a la que he tenido ya la suerte de escuchar en otras conferencias. 
¿Qué os puedo decir? ¿Que fue interesantísimo? ¿Que Carmen lo explica todo con tanto detalle y entusiasmo que se pasa el tiempo sin sentir? ¿Que se celebró en la biblioteca del Museo, un espacio que no está habitualmente abierto al público y es una maravilla? ¿Que estaba fantásticamente documentada? Mejor os diré que se celebra de nuevo el jueves 26 de marzo, por si aún hay plazas y alguien se anima. Os dejo un pequeño reportaje gráfico para los que no podáis asistir, para que también disfrutéis de esta maravilla.

La biblioteca del Museo del Romanticismo
se abre para acoger una de sus actividades
en una oportunidad única

13.3.15

Muérdago

Jane Atché (1899)

Los besos bajo el muérdago son una costumbre muy antigua, que propician amistades largas y duraderas y matrimonios fértiles y felices. Cada vez que una pareja se encuentra bajo el ramillete, o la  'kissing-ball' debe besarse y escoger uno de los frutos del muérdago, una vez que éstos se acaban ya no tiene sentido continuar con los besos.
En la Antigüedad era una planta medicinal, una planta de paz, bajo la cual los pueblos escandinavos se encontraban para cesar las amenazas y pactar treguas. Ya se besaban bajo el muérdago los antiguos durante las Saturnales, y es desde el siglo XVIII cuando se fabrican esas 'kissing ball' de las que hablábamos, bolas de muérdago decoradas con cintas que se colocaban sobre los dinteles de las puertas y donde las jóvenes no podían negar un beso.