13.9.16

Ofelia

John Everett Millais (1851-1852)
Tate Britain

'La hallaréis donde hay un sauce que crece a las orillas del arroyo, 
reflejando en las ondas cristalinas la imagen de sus hojas pálidas. 
Allá se dirigió, fantásticamente coronada de flores silvestres, violetas, 
margaritas y grandes flores púrpuras a las que los labradores dan un grosero nombre y
 las modestas doncellas llaman dedos de muerto.
En cuanto llegó se quitó la corona, y al querer colgarla de las pendientes ramas se tronchó un envidioso brote, y ella cayó al torrente fatal con todos sus rústicos adornos. 
Sus ropas, huecas y extendidas, la llevaron un rato sobre las aguas, semejante a una sirena, 
en tanto iba cantando canciones antiguas, como ignorante de su desgracia, 
o como criada y nacida en aquel elemento. 
Pero no era posible mantenerse así por mucho tiempo porque sus vestiduras, 
pesadas por el agua que absorbían, sumergieron a la infeliz, 
silenciando su melodioso canto con la muerte'.
-Hamlet, William Shakespeare-

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