25 Aniversario de 'Drácula de Bram Stoker" por Francis Ford Coppola: Ensueños y Terrores, revisión de referencias artísticas

     Allá por 2012, como actividad especial en el mes que dedicamos a "Ensueños y terrores" propusimos a nuestros seguidores de Facebook lo siguiente:

      La adaptación cinematográfica de Drácula, de Bram Stoker, por Francis Ford Coppola, ha sido objeto de muchas críticas, tanto buenas como malas, y sabíamos que podría gustarles más o menos, pero lo que queríamos era ir examinando, junto a ellos, diferentes referencias artísticas en las que se inspiró el director, tanto del siglo XIX como de otras épocas.
La línea a seguir sería ir mostrando escenas de la película, para que nos contaran a qué les recordaban, o pinturas para que descubrieran dónde se escondían. La propuesta resultó ser muy interesante, con muchos "me gusta" y comentarios ante lo que habíamos ideado de forma extraordinara para el mes de mayo, así que resolvimos además abrir una página especial para ir relatando todo lo que fuera sucediendo.



     Nuestra primera imagen, para relatar esta actividad, representa a los protagonistas de la película, Mina y Drácula, posando para la cámara en una imitación de un viejo daguerrotipo.
Con ésta surgen los primeros comentarios acerca del vestuario y de la maravillosa banda sonora de la película firmada por Wojciech Kilar, y una de nuestras amigas nos indica cómo esta imagen le recuerda a la pintura de Caspar David Friedrich, con toda probabilidad debido a esos árboles desnudos que enmarcan la escena.


     Mostramos a la preciosa Ofelia de Millais, y preguntamos a nuestros seguidores de Facebook en qué escena de la película está escondida ¿o no tan escondida? La situación da muchas pistas...




     Sólo hace falta media hora para que se resuelva el enigma. Tras un fallido apunte hacia el cuerpo de Lucy Westenra en su ataúd de cristal (inevitable pensar en ella), alguien advierte el parecido entre la hamletiana fémina y el cuerpo de Elisabetta, ahogado, frente al altar de la capilla del castillo: la pose, los ropajes, los labios entreabiertos, son inconfundiblemente "Millais".


     Una amiga nos indica cuánto le gusta esta pintura, aunque es también preciosa y prefiere la Ofelia de Waterhouse. Teniendo en cuenta que la iconografía se repite en el siglo XIX dejamos un enlace para que puedan admirarse otras interpretaciones de este personaje, no sin un último recuerdo para Elizabeth Siddal:



     Misterioso, oscuro, extraño... ¡pero ya lo habíamos visto antes! ¿Dónde está la inspiración para el castillo de Drácula? Hoy el enigma parece muy fácil.


     Tardamos un poco más, pero por segundo día consecutivo el mismo seguidor acierta de pleno, para que no nos queden dudas nos adjunta incluso enlace a la imagen de Frantisek Kupka Resistencia o El Ídolo Negro.



     Hoy dos imágenes de una escena truculenta y subida de tono para averiguar qué pintura, muy conocida, inspira la escena tan salvaje que protagonizan La Bestia y Lucy Westenra:



      La posición de las dos figuras indica claramente de dónde proviene, una pintura de finales del siglo XVIII que a su vez inspiró otra de inicios del XIX...

 La Pesadilla, Henry Fuseli (1871)

Pesadilla, Nicolai Abildgaard (1800)

     Tanto la composición de la escena, la disposición de las figuras, el aspecto de La Bestia con el cuerpo cubierto de pelo, los ojos brillantes y las orejas puntiagudas, el cabello de la mujer y sus brazos extendidos son reflejo de estas dos pinturas de Fuseli y Abildgaard.


     El detalle a comentar y la cuestión a resolver será uno de los vestidos más espectaculares y que más dió que hablar de la película, aunque desde luego la escena en la que aparecía era una de las más impactantes.




     Las pinturas holandesas del siglo XVII guardan la inspiración para el toque de diferencia en el traje nupcial que se convertiría en mortaja. Grandes golas y fantásticos tocados esperaban en sus retratos a que se les volviera a dar vida:

Retrato de una mujer, Michiel Jansz van Mierevelt (1628)
Retrato de Anna Rosina Marquart, Michael Conrad Hint (1642)


     Seguimos con el vestuario y con un traje también muy comentado. En el momento en el que le dan muerte el protagonista de la película lleva una túnica dorada espectacular, con una referencia pictórica tan conocida que deja poco lugar a dudas.



     Sin duda en Gustav Klimt está el origen de la idea de esta túnica, y en seguida nos lo advierten los amigos de la página de Arte XIX en Facebook. El beso, y el Retrato de Adele Bloch-Bauer nos acercan a la imaginería en la que se basa la película:

El beso, Gustav Klimt (1908)

Retrato de Adele Bloch-Bauer, Gustav Klimt (1907)

     Queremos dejar también reflejado aquí el interesante comentario que nos ha regalado, a propósito de las imágenes, Juan Fran García:

"La túnica es de un tejido similar al que se muestra en los cuadros "El Beso" o "El Abrazo" de Klimt. 
La influencia de estilo bizantino es evidente: Klimt era un entusiasta de este estilo, y basándose en los mosaicos bizantinos, utilizaba mucho los colores puros, las formas geométricas sencillas y el dorado. Además su compañera y musa, Emilie Flöge, era diseñadora textil e introdujo a Klimt en este mundo".


    Surgieron varios comentarios a raíz de las imágenes de la túnica dorada de Drácula, relacionadas con la influencia bizantina de la misma. Evidentemente, como nos indicaba Juan Fran García, ese aspecto de mosaico dorado de los cuadros de Klimt está muy relacionado con el arte bizantino del mosaico.

Mosaico de Teodora con su séquito
San Vital de Rávena (siglo VI)

Mosaico de Justiniano con su séquito
San Vital de Rávena (siglo VI)

     La influencia bizantina se percibe, en las escenas que se desarrollan en el castillo, por todas partes. El orientalismo cubre los ropajes de los monjes medievales, las estancias y la indumentaria de las arpías, y el color dorado de las teselas de los mosaicos inunda con su luz la capilla en la que el noble, al sentirse traicionado, renuncia a Dios.

 Mosaico bizantino en Santa Sofía

     Los monjes que recriminan la actitud de Drácula llevan unos ropajes que no se corresponden exactamente con el estilo bizantino, aún así el color, brillo y riqueza de las telas remite a él de forma inmediata.


   En cuanto a la anteriormente mencionada capelina, cubierta de oro y joyas, no hay duda que está tomada directamente del arte bizantino. Un error, podríamos decir, sería adjudicárselo a la vestimenta masculina, ya que es característica de la indumentaria femenina, como podemos ver en los mosaicos de San Vital de Rávena. La emperatriz cubre sus hombros con este elemento:

Detalle de Teodora

      Sin embargo, la vestimenta masculina sigue la toga romana clásica, adornando el hombro con una fíbula perlada, en el caso de Justiniano.

 Detalle de Justiniano


    Como nada es casualidad le preguntamos a nuestros amigos a qué famosísimo cuadro de John William Waterhouse hacen referencia estos elementos. Hablamos de la escena del exorcismo de la abadía de Carfax, una de las guaridas del vampiro en Londres.


     Y es que si te gusta la pintura del siglo XIX, y te apasiona la prerrafaelita, no puedes evitar viendo una cruz y tres velas ante ella pensar en la desafortunada Dama de Shalott, aunque también es cierto que tuvimos que dar una pequeña pista de la pluma de Alfred Tennyson:

La Dama de Shalott, John William Waterhouse (1888)

Yaciendo, vestida con níveas telas
ondeando sueltas a los lados
-cayendo sobre ella las ligeras hojas-
a través de los susurros nocturnos
navegó río abajo hacia Camelot;
y yendo su proa a la deriva
entre campos y colinas de sauces,
oyeron cantar su última canción
a la Dama de Shalott.

     A colación de ésto Isacris Rubio Burillo nos deja un enlace precioso, The Lady of Shalott, por Loreena McKennitt, un vídeo con imágenes de John William Waterhouse. El texto de la canción procede del poema de Tennyson. Once minutos y treinta y dos segundos de belleza para disfrutar.







    Dejamos una recomendación bibliográfica, un libro que hizo furor en el siglo XIX gracias a la traducción del explorador, entre otras muchas cosas, Richard F. Burton, Arabian Nights o Las mil y una noches, nombre que se le dió a esta colección de relatos en lengua castellana.

 Richard Francis Burton, Frederick Leighton (1875)

     Revisando la intención de sumergir al espectador en la atmósfera decimonónica en la película las protagonistas hojean unas páginas del libro:


     La escena se desarrolla en una maravillosa estancia abierta con cristaleras al gran jardín, poblada de plantas, lámparas y carísimos muebles, a la manera de un fantástico invernadero, que no es tal, y representando lo que eran en su momento los interiores de tan magníficas mansiones inglesas en el siglo XIX. A nosotros nos trajo a la memoria, cuando la vimos, un cuadro de la época que se desarrolla en un interior muy similar, aunque seguramente hay varios...

En el conservatorio (Rivales), James Jacques Joseph Tissot (1878)


     En el castillo de Drácula, y bajo su rostro, se esconde uno de los autorretratos más famosos de la Historia del Arte, ¿quién será el autor del original?


   El enigma no es difícil de resolver, ese autorretrato de Durero no se escapa a la vista de nadie:

  Autorretrato, Alberto Durero (1498)

      Autorretrato del pintor a la edad de 27 años, a la manera de un "ecce homo". Los ojos verdes, su cabello dorado (por el que sentía una gran obsesión), la postura, la luz, transmiten una tranquilidad y un reflejo de la visión sobre sí mismo como pocos retratos en la Historia del Arte. La elección de este retrato para representar al voivoda no es casual. La época del retrato sería muy aproximada a la del noble en la realidad, y esa representación a la manera de un Cristo se repite también en la escena final de la película, cuando dan muerte a Drácula.



     Gary Oldman en la piel de un Drácula rejuvenecido tras su muerte, 
con sus pecados perdonados y "viendo la luz", 
la imaginería es la de un Cristo barroco.


     Durante el mes de abril íbamos preguntando a nuestros amigos de Arte XIX en Facebook cuáles eran sus terrores, y poco a poco iban llegando datos de pinturas tenebrosas y siniestras. Una amiga, Karin Wachtendorff, hizo referencia a una pintura de Caravaggio, que aún siendo del siglo XVI íbamos a considerar igualmente. Una alusión a su iconografía la encontramos también en la película:

La cabeza de Medusa, Caravaggio (1597)

Una de las arpías, con un "tocado" muy clásico


     Y si hablamos de mujeres peligrosas, y pelirrojas, hoy nos ha parecido ver a esta Pandora de Rossetti a punto de abrir la caja de todos los males: Lucy, vestida de color naranja solar y a punto de desatar las fuerzas del Abismo. Y también hay una caja por medio en esa historia...

Pandora, Dante Gabriel Rossetti (1869)

Lucy a punto de ser reclutada para las filas del Mal


     Coppola quiso homenajear el centenario de la invención del cine, y el casi centenario de la publicación de esta novela con la película utilizando efectos rudimentarios, maquetas sobre cristal, marionetas y sombras, trucos utilizados en los inicios del cine, aunque el bajo presupuesto también le obligó en parte a ello. No se utilizaron en la película retoques por ordenador o escenas creadas virtualmente.
La escena que ilustra este comentario, el primer recorrido del conde por las calles londinenses y que tiene aspecto de película antigua, está realmente rodada con una Pathé de manivela de principios de siglo que había comprado el director hacía unos años, por supuesto, a ritmo de metrónomo.




     Carfax. La guarida. Pero, ¿dónde hemos visto antes ese edificio gótico en ruinas? ¿esa hilera de figuras que se adentra en su interior? ¿esos árboles sin vida que lo enmarcan?


     Inconfundible Friedrich:

El cementerio de Cloister bajo la nieve, Caspar David Friedrich (1819)

Abadía en el robledal, Caspar David Friedrich (1810)


     Seguimos con la evidente influencia de Friedrich en ciertos motivos de la película. El pintor emplea en varias ocasiones "la puerta", con un gran significado simbólico, en su obra.

 Acceso a la abadía de Carfax

      Coppola emplea en la película el mismo elemento y desde el mismo punto de vista, en su caso con la cámara sobre trípode, para tomar la puerta desde una vista frontal y plana.

Portón de acceso a la mansión de Lucy Westenra
La entrada al cementerio, Caspar David Friedrich (1825)

 La puerta del cementerio, Caspar David Friedrich (1825-1830)


     Y continuamos con la pintura inspiradora de Friedrich, las escenas que se desarrollan en la capilla del castillo, nos dejan advertir un ábside con un vano gótico que nos remiten visualmente, de forma inmediata a obras muy conocidas del pintor romántico alemán.

La capilla del castillo

El soñador (Las ruinas de Oybin), Caspar David Friedrich (1835)

La tumba de Hutten, Caspar David Friedrich (1823-1824)
     
     Y si proseguimos con la capilla hay que decir que con la inspiración elegida para la cruz no estuvieron muy acertados, es una licencia cinematográfica que hay que pemitirles... El cajeado historiado en los brazos de la cruz y el remate superior de la caja de reliquias son inconfundiblemente procedentes de las cruces irlandesas altomedievales.
 Aunque no se entiende muy bien el porqué, ahí está,
una cruz de influencia irlandesa en la lejana Transilvania
 Cruz irlandesa de Clonmacnoise, siglo VI



     Jonathan Harker cena en un salón servido por el solícito conde. Se sienta en una preciosa silla tapizada con un indudable aire Arts & Crafts y la escultura de una gran cabeza femenina se levanta tras él, con la mirada perdida, un mentón fuerte y decidido.

Esa escultura nos trae un recuerdo... 
 y en la recreación de este mundo simbolista hay alguien que no podía faltar:

¿Quién me librará de Christina Georgina Rossetti?
Fernand Khnopff (1891)


     Aunque el tipo de letra elegido para el cartelismo resulta más impactante y sangriento, en la película se emplea un tipo más vinculado a la época en la que ésta se desarrolla, con un gran parecido al utilizado por Klimt en la firma de sus pinturas.


 Firma de Gustav Klimt


En el cartelismo se elige un tipo de letra más llamativo para el público



     Aunque nos dejamos algunas cosas en el tintero, terminamos con las referencias artísticas en "Drácula, de Bram Stoker", con una preciosa escena que podría ser el motivo de un cuadro de Tissot, y un homenaje a la belleza ideal de la mujer del siglo XIX: uno de los terrores más temidos por los hombres decimonónicos y que se representa en el desdén y la vanidad de la mujer... pelirroja, por supuesto.

 Lucy y Mina, escena en el jardín


 La guirnalda, Dante Gabriel Rossetti (1874)

Lady Lilith, Dante Gabriel Rossetti (1868)

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